El escenario bueno
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El escenario bueno

24/03/2020
Actualización 24/03/2020 - 12:29

En China, o más específicamente en la provincia de Hubei, los casos nuevos de contagiados por coronavirus crecieron durante cuatro semanas. Las últimas dos ya fueron de cuarentena, después de lo cual inició el descenso en casos nuevos, hasta prácticamente llegar a cero cuatro semanas después.

En Italia parece ocurrir el mismo fenómeno: cuatro semanas de crecimiento en nuevos casos, las últimas dos de ellas ya con aislamiento, a partir de lo cual inicia el descenso. En Italia van sólo dos días de menos casos, pero supongamos que se repite el patrón, para tener una idea de lo que puede ocurrir en el resto del planeta.

Estados Unidos es del tamaño de Europa, y cada estado ha tenido dinámica diferente. El primero en tener crecimiento importante de casos fue Washington, pero ahora Nueva York es el que tiene más, probablemente por su mayor población y densidad. Puesto que no ha habido una lógica federal en ese país, los estados han respondido de distinta manera, y pueden servir para confirmar, o rechazar, la hipótesis del ciclo de ocho semanas que dedujimos de Hubei e Italia.

Conocer el ciclo permitiría estimar de mejor manera tanto las políticas de sanidad requeridas dentro de un mes como el comportamiento de la economía, y a partir de ello proponer planes de acción concretos para aminorar la recesión, porque se van a necesitar.

En este momento, en Estados Unidos hay una caída muy relevante en la actividad económica que apunta al mayor número de solicitudes de apoyo por desempleo en toda la historia. Recientemente, cada semana había cerca de 200 mil solicitudes de este tipo. El viernes pasado brincaron a 280 mil, y Goldman Sachs estima que esta semana superarán los dos millones. Es un récord histórico. El peor dato hasta el momento ocurrió en septiembre de 1982, con 671 mil. En datos correspondientes a 15 estados, ya superaban 630 mil hace unos días, según el NYT.

Supongamos que esta semana ya es la primera del proceso de aislamiento (por eso el gran salto en desempleo). Esto significa que lo que resta del mes, y todo abril, la actividad económica en Estados Unidos será muy limitada. Le recuerdo que para China eso significó una contracción de 20 por ciento del PIB, aunque apenas una provincia estuvo en cuarentena. La caída en Italia o España muy probablemente ronde 50 por ciento del PIB durante las seis semanas de aislamiento. A nivel global, aviación tiene una caída superior a 80 por ciento de su actividad, restaurantes de más de 90 por ciento.

Entonces, si todo sale bien, para mayo podría empezar una recuperación lenta, que dependerá mucho de la forma en que los países manejen sus relaciones. China, por ejemplo, se ha puesto muy estricta con los viajantes, porque no quiere importar de regreso el virus. Algo similar veremos en Europa, Estados Unidos, y todas partes. Puesto que el ciclo de ocho semanas ocurre de manera desfasada, será hasta que el último país lo haya pasado, o que tengamos vacunas y medicinas, que podremos aspirar a algo parecido a la normalidad.

Tendríamos entonces una recesión en forma de V, pero manuscrita, en donde la parte ascendente termina por debajo de donde inició el descenso. En parte porque la caída destruye capacidad, en parte porque la recuperación obligará a nuevos arreglos, menos buenos que los previos. Sin embargo, el rebote no es espontáneo, ni está asegurado.

Aunque lo comentaremos con más detalle, esa es la parte que más preocupa de México: no hay planes, ni recursos, ni confianza, para la recuperación. Con lo que sabemos hasta el momento, la crisis para nosotros tendrá otra dimensión, nada agradable. No tardaremos en saberlo.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.