Fuera de la Caja

El ajolote regresa

'La jaula' trata de la demostración de que el supuesto carácter de la mexicanidad no era otra cosa que una jaula impuesta sobre la sociedad de parte de un régimen necesitado de legitimidad.

Roger Bartra es uno de los estudiosos más importantes de México. Quiero decir con ello, uno de quienes mejor entienden esto que llamamos nuestra nación. Antropólogo, ha derivado de ahí hacia la sociología y la historia, por un lado, y hacia las neurociencias, por el otro. Nos ha ofrecido la mejor revisión de esa búsqueda del carácter nacional en La jaula de la melancolía, hace ya prácticamente 35 años. Ahora publica, en Debate, Regreso a la jaula. El fracaso de López Obrador.

En cuestión formal, el libro consta de tres partes. En la primera, una decena de artículos publicados por Bartra en 2018, comentados y actualizados por él mismo. En la segunda, la descripción de los primeros fracasos del actual gobierno, y en la tercera (El fracaso) su interpretación de lo que está por venir.

En La jaula de la melancolía, Bartra propuso como metáfora del 'ser' mexicano al ajolote, una especie endógena de Xochimilco que, a pesar de ser etapa larvaria de la salamandra, nunca termina por convertirse en ella. En un artículo publicado por Reforma el 29 de mayo de 2018, que presta su título a este nuevo libro, Bartra afirma: "El retorno del axolote representa la terquedad por volver a un progreso castrado por el atraso, a un pasado donde supuestamente el pueblo vive feliz, estancado en la metamorfosis frustrada. Se trata de la restauración del nacionalismo revolucionario priista, ese viejo enemigo de la democracia". Pues sí, justo de eso trata La jaula: es la demostración de que el supuesto carácter de la mexicanidad no era otra cosa que una jaula impuesta sobre la sociedad de parte de un régimen necesitado de legitimidad.

Hace 35 años, Bartra nos decía: "La definición de 'el mexicano' es más bien una descripción de la forma como es dominado y, sobre todo, de la manera en que es legitimada la explotación". En esa dirección, "los mitos revolucionarios no fueron, como en otras naciones, levantados sobre biografías de héroes y tiranos, sino más bien sobre la idea de una fusión entre la masa y el Estado, entre el pueblo mexicano y el gobierno revolucionario". De donde concluye: "La cultura nacional se identifica con el poder político, de tal manera que quien quiera romper las reglas del autoritarismo será inmediatamente acusado de querer renunciar –o peor: traicionar– a la cultura nacional".

Esas citas provienen de La jaula que, como le decía, se escribió hacia 1987. Pero usted, no lo dudo, las habrá ya aplicado al momento actual: la legitimación del autoritarismo mediante mitos en los que la nación es el pueblo, y rechazar a su intérprete es traicionar a México. Pues sí, ése es el temor de Roger Bartra en este nuevo libro: el intento de regresar a esa jaula de la melancolía, a ese espacio autoritario legitimado en un discurso mítico, popular, revolucionario, pero finalmente ficticio.

Desde el prólogo, Bartra dice que tiene "la firme convicción de que se trata de una restauración imposible: no puede ocurrir un verdadero regreso a la jaula. En consecuencia, México vive una coyuntura paradójica, atrapado entre un impulso por retroceder y una situación que se lo impide". Sin duda, coincido por completo con Roger en esto. No hay manera de que la restauración autoritaria tenga éxito, pero tampoco tenemos, al menos no todavía, instrumentos para detener el intento restaurador.

A pesar de que éste es el leit motiv del libro, Bartra no logra desentrañarlo. Lo describe, semblantea el fracaso esperable de la locura que sufrimos, pero no termina por aclarar el trágico final que, sin duda, usted se imaginará cuando lo lea. Hágalo pronto, para que en unos días podamos comentar ese potencial, y terrible, desenlace.

Consulta más columnas en nuestra versión impresa, la cual puedes desplegar dando clic aquí

COLUMNAS ANTERIORES

Fin del entusiasmo
Economía: mula de seises

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.