Efectos de un aumento
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Efectos de un aumento

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Efectos de un aumento

23/12/2019
Actualización 23/12/2019 - 8:47

Para 2019, el nuevo gobierno impulsó un incremento en el salario mínimo de 16 por ciento, de forma general, y de 100 por ciento en la frontera. Esto pudo ocurrir porque desde el año anterior se había desvinculado el salario mínimo de los contratos que lo utilizaban como referencia, y creo que fue uniformemente celebrado. El incremento en frontera un poco menos, especialmente porque hubo ciertas movilizaciones en Matamoros que preocuparon a algunos. Pero, en lo general, fue una decisión aplaudida, que se sumó al incremento de 10 por ciento ocurrido un año antes, todavía en el sexenio de Peña Nieto.

Lo que no creo haber visto es una evaluación del impacto de ese incremento en la distribución de la población que está en la economía formal. Y como no la he visto, le ofrezco una aproximación a ello en esta colaboración. No puedo hacerlo con el detalle que quisiera, porque no tengo el tiempo suficiente para ello. Específicamente, no voy a considerar el efecto en la frontera norte, que algunos expertos (David Kaplan, por ejemplo) han sugerido que ya puede haber tenido efectos negativos, incluso antes del incremento anunciado para 2020. Pero eso no lo voy a analizar aquí.

De forma general, para los más de 20 millones de trabajadores afiliados al IMSS, el salario promedio en 2018 fue de 3.68 salarios mínimos. Para este cálculo, elimino a quienes están afiliados por convenio (para mantener prestaciones o semanas para jubilación), y a quienes están en la parte superior de la tabla (los dos niveles más altos), porque su ingreso puede ser muy superior al promedio, y distorsionan el cálculo. En total, son poco más de 550 mil personas excluidas.

Bueno, con el incremento del salario mínimo en 2019, el ingreso promedio se redujo a 3.4 salarios mínimos. Es decir, lo que provocó el incremento al mínimo no fue un incremento general de salarios, sino la concentración de personas en los niveles más bajos. Específicamente, el grupo que contiene a quienes ganan más de uno, pero menos de dos mínimos, creció en 900 mil personas en 2019. Puesto que el empleo total en ese periodo creció en cerca de 300 mil personas, es evidente que hubo un desplazamiento hacia abajo. Para que sea más claro: las personas en ese nivel pasaron de ser 41 a ser 45 por ciento del total de los trabajadores. Los que están por encima de dos, pero por debajo de cuatro salarios mínimos perdieron casi un punto (de 31 a 30 por ciento), mientras que los que estaban por encima de cuatro mínimos perdieron casi 3 puntos, de 28 a 25 por ciento del total.

El impacto neto del incremento salarial, excluyendo a los dos niveles más altos de ingreso, como lo hemos hecho, implica que para el mes de octubre de 2019 el incremento salarial real (con respecto a enero 2018) ha sido de 0.7 por ciento anual (para ser más claro, el ingreso promedio en octubre fue de 328 pesos de enero de 2018, y en esa fecha fue de 324 pesos). Es decir: un incremento de 16 por ciento al mínimo se ha reflejado en menos de 1 por ciento para los trabajadores formales. Si a eso le sumamos que la tasa de crecimiento de empleos ha caído a menos de la mitad (por otras razones), el efecto neto de 2019 ha sido de empobrecimiento de la población trabajadora.

Se puede hacer una amplia exposición de las buenas intenciones, de los magníficos objetivos, e incluso de los consensos alrededor del incremento al mínimo. Todo eso no cambia que el resultado de subir el mínimo en 10 por ciento en 2018 y en 16 por ciento en 2019 se ha reflejado en nada. En lugar de ocho millones ganando entre uno y dos mínimos, hoy hay nueve. En lugar de 3.5 millones ganando entre dos y tres mínimos, hoy hay cuatro.

Elevamos la medición, no el ingreso. En 2020 verificamos resultados.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.