Educación y política
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Educación y política

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Educación y política

19/06/2019
Actualización 19/06/2019 - 14:32

A pesar del gran esfuerzo realizado por grupos de la sociedad civil organizados en la iniciativa RED, Educación, Derechos, que intentaron aprovechar las discusiones legislativas del artículo tercero constitucional para avanzar en lo logrado hace seis años, todo indica que el resultado final fue una contrarreforma, y poco más que eso. En los hechos, tanto el SNTE como la Coordinadora parecen ser las autoridades en materia educativa, y con ello regresamos al principal problema, no el único, del sistema educativo mexicano.

Transformar la educación en un país es algo realmente complicado. De acuerdo con los datos de PISA, el cambio que se logra en sus evaluaciones es marginal. Los países en los que los jóvenes obtienen 500 puntos o más logran moverse alrededor de un punto cada tres años (que es la periodicidad de la prueba). En los países en los que la calificación se encuentre entre 400 y 500 puntos, el cambio es un poco mayor, dos puntos y medio cada tres años; tres puntos y medio en el caso de matemáticas. Hay pocos países por debajo de 400 puntos, pero el caso de Perú es muy interesante, porque su ritmo de mejora supera los 14 puntos.

México obtuvo 416 puntos en ciencias, 408 en matemáticas y 423 en lectura, en la evaluación 2015, que es la última que tenemos. En lo general, los resultados son comparables con otros países latinoamericanos: todos tenemos los peores resultados en matemáticas y los mejores en lectura. En el promedio de matemáticas, México es el tercer lugar del continente, por debajo de Chile y Uruguay, pero en ciencias y lectura estamos en quinto lugar, también superados por Colombia y Costa Rica.

Sin embargo, si en lugar de medir el promedio revisamos el porcentaje de jóvenes que están en nivel de excelencia (módulos 5 y 6 de la prueba PISA), también Brasil nos supera, y empatamos con Perú. Dicho de otra forma, de acuerdo con el promedio que tenemos, deberíamos tener el doble de jóvenes en nivel de excelencia (más o menos lo que tienen Colombia o Costa Rica). Visto al revés, el promedio equivalente a la proporción de jóvenes en excelencia sería 20 puntos menor, similar al de Perú.

Nuestro sistema educativo sigue privilegiando la homogeneidad. Nuestros maestros han aprendido a buscar que niños y niñas se conformen a un patrón, y los van igualando. Con ello, los jóvenes que destacan son frenados. Al final, tenemos muy pocos en ese nivel. Brasil, con promedios inferiores en 15 puntos a México en ciencia y lectura, y 30 en matemáticas, tiene una proporción de jóvenes en excelencia tres veces mayor en esta disciplina, cinco veces mayor en lectura, y siete veces mayor en ciencias. Con una población del doble de la nuestra.

En México, apenas tres de cada mil jóvenes están en ese nivel de excelencia en matemáticas y lectura, y sólo uno de cada mil en ciencias. Como usted sabe, PISA evalúa jóvenes de 15 años, más o menos al final de la secundaria. Ya para ese entonces es difícil cambiar el rumbo. Del otro lado del espectro, casi 57 de cada cien (570 de cada mil) están en el nivel 1 o inferior en matemáticas, 47.8 de cada cien en ciencias, y 41.7 en lectura. Esto significa que no pueden resolver un problema elemental, y no entienden un párrafo normal. En Chile, estos porcentajes son 49, 35 y 28 por ciento, frente a 14 de cada mil en excelencia en matemáticas, 12 en ciencias y 23 en lectura.

Cualquier esperanza de mejorar en esto, más allá de cambios marginales, se ha sacrificado en el altar de la política. Manda el sindicato.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.