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Diez años

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Diez años

24/11/2020
Actualización 24/11/2020 - 11:21

Alguno de los desarrolladores de la ola de cómputo de las últimas décadas afirmó que las personas sobreestiman lo que pueden hacer en un año, pero subestiman lo que pueden hacer en diez.

Dentro de diez años, México tendrá un nuevo presidente, o presidenta. El actual se irá en cuatro años, y quien lo siga saldrá antes de noviembre de 2030. En Estados Unidos, Biden habrá gobernado uno o dos periodos, y quien le siga estará a la mitad del tercero.

Dentro de diez años, como comentamos ayer, es muy probable que prácticamente todos los autos nuevos sean eléctricos, aunque seguirán circulando las carcachas de hoy, por algún tiempo. El consumo de petróleo en 2030 será inferior al que tuvimos el año pasado, mientras la energía renovable se habrá multiplicado por cuatro.

Esto implicará una recomposición global. Los países que dependen del petróleo tendrán cada vez menos ingresos en términos reales, y para muchos eso puede significar crisis política. Tengo la impresión que es eso lo que ha acercado a Arabia Saudita y Emiratos con Israel, y no la atrabancada política exterior de Trump.

En el transcurso de la década, es también muy probable que desaparezcan algunos dirigentes que hoy nos parecen inamovibles. Vladimir Putin, por ejemplo, parece estar cerca de retirarse, si los rumores de su enfermedad son ciertos. Xi Jinping, que ha logrado romper la tradición de diez años en el liderazgo chino, tampoco es eterno. Aunque ambos estarán entonces en la edad actual de Biden, el desgaste acumulado, más las complicaciones que se verán durante la década, es muy probable que los lleven al retiro.

En 2030 estaremos entrando en la red 6G, y en el final de la 5G, que en un par de años será de amplio uso en el mundo industrializado, y tal vez en cinco más en el resto del planeta. No tenemos idea de cuál tecnología o qué protocolos sean dominantes en 5G, así que menos podemos adivinar el siguiente paso.

Con ambas tecnologías, la aceleración del internet de las cosas será un hecho. Esto tendrá efectos en diversas áreas de la vida que consideramos normal, desde la logística hasta la forma en que administramos nuestro tiempo. La transformación que vivimos en estos meses de pandemia es una probada de esa nueva forma en que se puede vivir: sin necesidad de estar ubicado en un lugar fijo, sin necesidad de movilidad, y con un incremento en la libertad de manejar el tiempo, que lleva consigo un problema de disciplina y responsabilidad que, para muchos, ha sido una fuente de angustia. Ahora conviértalo en la normalidad.

Regreso al inicio: hay diez años para prepararse, que es tiempo de sobra. Pero la preparación no debe ser para repetir lo que sabemos hacer hoy, sino para lo que será necesario entonces. Aunque debería ser evidente para cualquiera que los recursos naturales no son una fuente de riqueza, tal vez valga la pena recordarlo. No está nada mal ser país líder en producción de frutas, verduras, legumbres, pollo y huevo, pero con eso no alcanza. Tampoco hay que despreciar el cuarto lugar en producción automotriz, o la presencia destacada en diversas manufacturas, pero eso tampoco será suficiente.

Energías alternas, vehículos eléctricos, telecomunicaciones 5G, logística, contenido, experiencias y salud. Y todo lo que de ahí se derive. En esas áreas se generará la mayor cantidad de valor agregado dentro de diez años. Otros sectores seguirán existiendo, como siempre, pero con menor importancia. Y algunos incluso habrán desaparecido, o estarán siendo defendidos por grupos sociales. Recuerde usted, la destrucción creativa no es opcional.

Ahora bien, aunque podamos semblantear el mundo en diez años, la realidad dependerá del camino por el que vayamos. De eso platicamos mañana.

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Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.