Desde el Golfo
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Desde el Golfo

17/09/2019
Actualización 17/09/2019 - 8:30

El sábado, instalaciones de Saudi Aramco, en Arabia Saudita, fueron atacadas con drones. El resultado fue la destrucción de una capacidad de exportación equivalente a 4 millones de barriles diarios (mbd). Como referencia, es más del doble de lo que produce México, y un poco menos del 5 por ciento del mercado mundial de crudo.

El ataque ha sido reivindicado por los houtthis, que son un elemento en combate en la guerra civil de Yemen, que lleva ya unos años. Los houtthis tienen apoyo iraní, y todo mundo sospecha que la capacidad de ataque que mostraron es en realidad proveniente de Irán, que usa a esta facción como cobertura para continuar una guerra con Arabia Saudita, que lleva buen rato. Si le busca uno, varios siglos, considerando el enfrentamiento entre Mesopotamia (Babilonia) y los Persas.

En los últimos meses, Donald Trump había estado construyendo una alianza entre saudíes e israelíes para enfrentar a Irán, y este ataque pone a esa coalición en dificultades. La indecisión de Trump en la relación con Irán no ayuda en nada a que se pueda encontrar alguna salida negociada, pero una respuesta violenta puede no ser tampoco útil. Hay que recordar que Occidente no ha sido capaz de controlar la región desde que se lanzó la segunda guerra del Golfo, en 2003. Aunque derrocaron rápidamente a Saddam Hussein, no lograron estabilizar el país, que más bien se hizo más cercano a Irán. El derrocamiento de Mohammad Khadafi en Libia, poco después, empeoró aún más las cosas (aunque este caso hay que cargárselo a los franceses, y no a los gringos).

La reducción de la capacidad productiva global de crudo provocó un ajuste de alrededor de 14 por ciento en el precio de referencia, ayer lunes. Es posible que esto se vaya reduciendo paulatinamente, conforme entran más productores de shale en Estados Unidos, que con este precio ya obtienen ganancias, pero en cualquier caso, todo indica que el impacto del ataque en los mercados financieros globales fue mucho menor de lo que se hubiera anticipado. Hay una menor dependencia de petróleo de la que había hace 40 años, cuando el embargo petrolero o la revolución en Irán prácticamente desestabilizaron todo Occidente, y también hay una menor presencia del Golfo Pérsico en el mercado petrolero global.

Esto no significa que el asunto sea menor. Puede convertirse en un detonador de una situación muy complicada. En el lado financiero, sin llegar a ser algo como la quiebra de Lehman Brothers, ocurrida justo hace 11 años, sí puede mover las expectativas en una dirección negativa. En el lado geopolítico, pone a prueba a Estados Unidos como líder de una coalición inestable en Medio Oriente, y puede terminar mostrando más debilidad de la que el país vecino quisiera revelar.

Para México, no parece ser una buena cosa. Aunque el mayor precio del crudo implica mayores ingresos para el gobierno, también significa un mayor costo del combustible, que es ahora más importante. Si el gobierno mexicano quiere evitar que ese incremento se refleje en precios, tendrá que sacrificar IEPS, perdiendo con eso la ganancia en ingreso por mayores precios del crudo. Por otra parte, la posibilidad de una desaceleración en Estados Unidos es mala noticia en términos de expectativas de crecimiento para nuestra economía, y si acaso esto llegase a escalar, se puede convertir en un detonador de locuras de Trump en contra de México, como mecanismo de reacción para mantener cerca a su electorado, justo en año electoral.

Es decir que lo ocurrido en Medio Oriente este fin de semana es algo que deberíamos atender. Puede convertirse en un problema mayor para nosotros.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.