Crisis y oportunidad
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Crisis y oportunidad

20/03/2020
Actualización 20/03/2020 - 11:45

El lunes inician las vacaciones adelantadas en la SEP. Muchas universidades se han movido a clases remotas, aprovechando la tecnología. En menor medida, las empresas han reducido su personal (según sabemos, también utilizando la posibilidad de trabajo en casa). Si en México ocurre lo que hemos visto en otros países, estamos hablando de al menos cuatro semanas en las que habrá que cambiar hábitos y reducir significativamente la movilidad.

Algunos parecen entender esto como vacaciones, efectivamente. No se les puede culpar, si el mismo gobierno ha utilizado esa palabra, y la actitud del Presidente sigue siendo de broma. Lo que están sufriendo los países europeos hoy, y lo que sufrieron países asiáticos hace poco tiempo no es cuestión de chascarrillos. De lo que se trata es de reducir las posibilidades de contagio para impedir un brote demasiado acelerado que sobrepase la capacidad de atención del sistema de salud. En México, estamos hablando de márgenes muy estrechos, como usted sabe.

De forma que hay que prepararse para estar cuatro semanas a la sombra, literalmente. Aunque esto implica abastecer la despensa (no nada más de papel de baño), requiere mucho más que eso. La gran mayoría de las personas no está acostumbrada a trabajar en casa, ni a hacerlo sin supervisión. Niños y jóvenes suelen ser mucho más dispersos, todavía. Por todo eso, permítame ofrecerle algunas ideas que he ido juntando acerca de lo que se puede hacer en estas cuatro semanas para reducir en lo posible las dificultades del aislamiento.

Primero, es muy importante establecer una nueva rutina. Se sugiere levantarse a buena hora, bañarse, vestirse y arreglarse como si se fuera a salir, tender la cama, desayunar lo acostumbrado, y dedicar dos o tres horas a trabajar. Para esto, si se puede, hay que buscar un área que pueda destinarse al trabajo. Si no sobra espacio, y hay que usar la mesa del comedor, definir un rincón del cuarto donde se ponen los instrumentos de trabajo, que se mueven a la mesa durante esas dos o tres horas.

Después de eso, conviene ejercitarse de alguna manera. Mientras pueda salirse a pasear, eso puede hacerse. Si usted acostumbra hacer ejercicio más temprano, adelante, pero después de trabajar las dos o tres horas mencionadas, hay que romper y distraerse un rato.

Hacer la comida, comer, lavar trastes y limpiar la casa. Después, otras dos o tres horas de trabajo, y no más. Para niños y jóvenes, esas cinco o seis horas al día son más que suficientes para cumplir las obligaciones escolares. Y si usted aprovecha el tiempo, notará que incluso hace más que en las ocho que ocupa cotidianamente en su empleo. De hecho, le sugiero que vaya aprendiendo a utilizar bien ese tiempo, porque no dudo que el tema laboral cambie significativamente después del coronavirus.

Sobra tiempo para usar redes sociales, ver televisión, juegos electrónicos, leer. Pero es de gran importancia que defina su rutina y la vaya siguiendo. No interrumpa sus dos horas de trabajo con Twitter o WhatsApp, ni se ponga a hablar por teléfono con sus amigos y parientes. Eso hágalo en los tiempos que usted mismo defina, pero que deben ser distintos.

Por cierto, recordando el lunes 9 de marzo, cuya importancia no podemos menospreciar: todas las actividades en la casa deben repartirse adecuadamente. Excelente momento para que aprenda usted a hacer lo que no conoce, sea cocinar o lavar trastes o baños. O leer, incluso, si no está acostumbrado. Desayuno, comida y cena en familia permiten intercambios de opinión que pueden ser muy útiles, aprendiendo a hacerlo.

Van a ser días difíciles, si aquí ocurre lo que hemos visto en Europa. Hay que sobrevivir, pero también aprovechar todo lo posible.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.