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Costos

18/05/2020
Actualización 18/05/2020 - 11:54

Al cierre de 2019, Hacienda informó que había transferido 97 mil 100 millones de pesos a Pemex. Por razones inexplicables, no los inscribió como transferencia, sino como ingresos de la empresa, que dicen haber anotado como gastos del gobierno federal. La verdad es que no es nada claro lo que hicieron, porque el ingreso en Pemex se registró en diciembre, y el único gasto que encuentro que podría compensar ese movimiento ocurre en Energía, pero tres meses antes.

En el año pasado, el nuevo gobierno decidió arrasar con el gasto en diversas áreas, en la búsqueda de esos 500 mil millones de pesos que, según ellos, se llevaba la corrupción. Lograron juntar 325 mil millones, con: reducción de sueldos, prestaciones y personal en el gobierno (147 mil millones en provisiones salariales y económicas); cancelación de múltiples proyectos en Comunicaciones y Transportes (71 mil millones); Gobernación (36 mil); Agricultura (15 mil); todos los ramos autónomos (12 mil) y surtido en Turismo, Medio Ambiente, Sedatu, Presidencia, Relaciones Exteriores, Conacyt, Procuraduría, Marina y Cultura.

A cambio, gastaron 626 mil millones más en: Energía (122 mil millones); pensiones (84 mil); IMSS e ISSSTE, que son también pensiones (110 mil millones); Desarrollo Social, 53 mil; Seguridad Pública (30 mil); CFE (26 mil); Defensa (24 mil), y otros menores. Al final, el gobierno acabó gastando 300 mil millones más, aunque fuese de manera diferente.

El resultado final es que, después de un año y pocos meses, el gobierno mexicano es mucho menos capaz de resolver problemas de lo que era cuando llegó la nueva administración. Casi al inicio lograron provocar desabasto de combustible y, después, de medicinas y material sanitario. Paulatinamente, se fue destruyendo la capacidad de gestión, no sólo en el mismo gobierno federal, que hoy está dirigido por un equipo de tercera división, sino en los organismos autónomos, que han dejado de serlo, y están casi todos ellos invadidos de incapaces. Todo ello, a cambio de gastar 300 mil millones de pesos más. Es decir, ni siquiera se ahorró un centavo con ello.

Muchas personas preguntan cómo es posible que este gobierno, que dice haber reducido la corrupción, tenga menos dinero disponible que los anteriores, supuestamente saturados de ese flagelo. Parecería que lo que buscan los actuales es convencernos de que aquella pinta: “que se vayan los tontos y regresen los corruptos”, tendría razón. Y es que la incompetencia puede ser mucho más grave que la falta de probidad.

Un ejemplo que puede ser importante: en 2019, decíamos al inicio, el gobierno transfirió casi cien mil millones de pesos a Pemex, y lo hizo enmascarando la transferencia como si fuesen ingresos de la empresa. Hace un mes, le perdonó 65 mil millones de pesos de impuestos. Ambas transferencias superan considerablemente lo que se destina a salud. No tengo evidencia para creer que se roban el dinero, pero es evidente que se ha decidido hundir en Pemex el dinero que está haciendo falta para enfrentar la pandemia. La estupidez es más costosa que el robo.

En los 15 meses en los que este gobierno ha manejado los recursos nacionales (a marzo, último dato que tenemos), destruyeron la mayor inversión en infraestructura de América Latina, revirtieron la reforma que daba viabilidad energética al país, eliminaron la que permitía tener algo de esperanza en la educación de las futuras generaciones, provocaron desabasto en salud y dilapidaron más de 165 mil millones de pesos (ahorrados en los fondos de estabilización y del Seguro Popular) en una apuesta petrolera absurda.

No tenemos evidencia de que hayan reducido la corrupción, pero sí de que su estupidez está costando muchos miles de millones de pesos. Frente a la crisis de salud y económica más importante en un siglo, es un costo muy elevado.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.