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Corregir o limitar

08/01/2019

No existe forma de lograr que todos estén contentos. Muchas personas creen que lo estaríamos si todos tuviésemos lo mismo, pero se olvidan de que cada uno quiere cosas diferentes. Así, si a cada quién le diéramos lo mismo, unos tendrían más y otros menos de lo que quieren. Claro que entonces podrían intercambiar lo que a cada uno le sobra y falta, pero entonces acabaríamos con lo que muchos ven con resquemor: un mercado.

El mercado, es decir, el intercambio de bienes y servicios a cambio de algo (otros bienes y servicios, o más frecuentemente, dinero), es una solución natural de los seres humanos a sus diferencias en gustos. Si el intercambio ocurre sin coerción (sin controles, poder, obligación), entonces los dos participantes acaban más felices que antes. El comprador obtuvo algo que quería por menos dinero de lo que para él vale lo que obtuvo. La vendedora obtuvo más dinero de lo que para ella valía lo que intercambió. Si no hubiese sido así, no hubiera ocurrido el intercambio. El comprador acepta pagar porque la cantidad es menor al valor que para él tiene lo comprado; la vendedora acepta vender porque la cantidad es mayor al valor que para ella tiene lo vendido. Así es como el mercado produce riqueza.

Si no dejamos que este intercambio sea libre, ya no hay riqueza generada. Puede incluso perderse riqueza, destruirse, en un intercambio limitado por alguna fuerza externa. Por eso es importante que el intercambio en el mercado no esté limitado.

Esto que acabo de comentarle es muy evidente cuando usted va a comprar frutas y verduras al mercado, pero ya no lo es tanto cuando compra un auto usado, o una casa, o cuando presta su dinero. Tampoco lo es cuando decide estudiar, o cuando contrata a una persona. En todos estos casos, hay problemas de información que hacen que compradores y vendedores estén en condiciones diferentes. Lo más común es que el vendedor tenga más información que el comprador acerca del producto que está vendiendo. Y esa diferencia de información le permite quedarse con la mayor parte de la riqueza producida en el intercambio. O peor, incluso quitarle al comprador la suya.

Un auto usado puede estar manipulado para parecer mejor de lo que es, una casa puede tener defectos que no son aparentes, prestar dinero puede convertirse en una tragedia. Y en todos los casos, es porque el vendedor sabe más que el comprador. En el caso del préstamo, usted no sabe las intenciones de su deudor, que para él son clarísimas. En el caso de la educación, la falla de información es acerca del futuro: no es posible saber si lo que se estudia será o no útil en el futuro. En la contratación de personal, no hay forma de verificar por completo si el candidato es idóneo para el puesto.

En todos estos casos, las fallas de información pueden reducirse (no eliminarse) con una combinación de instrumentos: reglas sociales y mecanismos de señales. Las reglas sociales (leyes) pueden reducir los abusos de los vendedores, las señales ayudan a diferenciar buenos de malos vendedores. Por ejemplo, la educación superior no sólo consiste en dotar a los estudiantes de habilidades y conocimientos, sino también de mecanismos de señales. El título de la universidad es una señal que le sirve a quien contrata para evaluar mejor al candidato.

Leyes y señales son instrumentos que reducen las fallas del mercado. Al hacerlo, incrementan la riqueza de la sociedad. Controles y límites, son instrumentos que impiden el funcionamiento del mercado. Al hacerlo, reducen la riqueza de la sociedad. La diferencia es determinante.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.