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04/07/2019
Actualización 04/07/2019 - 12:52

Durante junio, la venta de autos y camiones ligeros en México cayó 11.4 por ciento, casi lo mismo, en porcentaje, que en mayo. Se vendieron 106 mil 398 vehículos en el mes, casi la mitad de lo que se vendió en diciembre de 2016, justo antes del 'gasolinazo'. En los meses previos al cambio en el mecanismo de determinación de precio de la gasolina (que es lo que llamamos gasolinazo), la venta de vehículos crecía prácticamente 20 por ciento anual. En enero de 2017, apenas lo hizo en 3 por ciento, y para abril de ese año empezaron las cifras negativas. Por eso el punto máximo de ventas anuales ocurre en marzo de 2017, con 1.637 millones de vehículos.

Mientras que en 2016 se vendían casi 134 mil autos por mes, para 2017 eran menos de 128 mil, cayeron a 119 mil en 2018, y en este año promedian 106 mil. Esto significa que hay un mayor ritmo de caída que antes, de forma que al impacto del precio de la gasolina hay que sumar otras explicaciones. Algo tendrá que ver la mayor disponibilidad de servicios de transporte (como Uber, Cabify, etcétera), y algo la menor actividad económica. Para quienes venden autos, como sea, las cosas han estado bastante mal los últimos tres años.

En cambio, en la producción el panorama es diferente. En 2017, mientras los mexicanos dejaban de comprar, el mercado exterior se volcaba por los vehículos mexicanos, pero especialmente por camiones ligeros. En ese año, la producción total de vehículos creció 13.5 por ciento, y la de camiones en casi 38 por ciento. El siguiente ya no fue igual, y prácticamente se estancó la producción. Si comparamos periodos de seis meses, diciembre-mayo (porque el dato de junio sale la próxima semana), vemos que en 2018 hubo todavía un crecimiento, de 3 por ciento, impulsado por un alza en producción de camiones ligeros de 40 por ciento. En estos últimos seis meses, la producción crece exactamente cero.

Le decía que el jalón vino de fuera, y esto puede parecer un poco extraño, porque Trump ha estado insistiendo en que ha logrado que la producción de vehículos se quede en Estados Unidos, y eso resulta totalmente falso. De hecho, durante 2017 tuvimos un incremento muy importante en ventas al exterior, pero sólo de camiones ligeros. En autos, en 2016 exportábamos 123 mil unidades al mes, fueron 120 mil en 2017, 106 mil en 2018, y ahora están en 103 mil. Es una caída constante. Pero en camiones, en 2016 vendíamos 107 mil, 151 mil en 2017, 182 mil en 2018, y prácticamente lo mismo en los primeros cinco meses de este año.

La producción de vehículos ha crecido a una tasa promedio anual de 5.6 por ciento durante 25 años (desde 1993), es la quinta actividad más importante (después de servicios financieros, comunicaciones y transportes, y los dos comercios, mayoreo y menudeo), y la primera entre las manufacturas. Con todo y ello, su aportación al crecimiento de la economía en este cuarto de siglo es apenas el 10 por ciento de las cuatro primeras. Aunque en aportación de divisas es mucho más relevante.

La combinación de un mercado interno que cae, y un mercado externo que crece lento, dan como resultado que la producción crezca lentamente. En 2018, le decía, el crecimiento de la producción de vehículos ligeros fue negativa: -0.6 por ciento. En los primeros cinco meses de este año, las cosas van un poco mejor, 1.9 por ciento. En mayo, mientras las exportaciones crecían 6 por ciento, la producción caía poco más de -1 por ciento, porque no hay ventas al interior. Por eso el dato de junio, que se publicó ayer y con el que abrimos esta colaboración, preocupa. Pero la próxima semana sabremos más, y lo platicamos aquí.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.