Ahumados
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Ahumados

15/05/2019

Como usted seguramente se ha enterado, o lo ha vivido directamente, andamos ahumados. No es nada más la Ciudad de México, también hay niveles muy elevados de PM 2.5 (partículas menores a 2.5 micrómetros) en Cuernavaca, Morelia, Guadalajara, Monterrey, etc. En la mayor parte de los casos se trata de incendios forestales, o de pastizales, que están cerca de las ciudades grandes, y debido a una alta presión al sur del país, no ha habido ni lluvia ni viento.

Uno podría atribuir este fenómeno a la mala suerte, o al calentamiento global, que ahora sirve igual para un barrido que para un fregado. Aunque la suerte y el cambio climático existen, no parece que tengan una intervención directa en este terrible asunto que sí daña la salud de millones de mexicanos en las ciudades ahumadas.

Han circulado mapas con la ubicación de los incendios forestales, que sorprenden por la cantidad. Y como esto no es frecuente, llama la atención la cantidad. No dudo que tengamos una situación climática adversa, pero todo indica que, además, hay un problema de políticas públicas.

El presupuesto destinado a la Comisión Nacional Forestal (Conafor), como ocurrió con muchas dependencias, fue severamente recortado. Tenemos datos hasta marzo, y lo que indican es lo siguiente: entre enero y marzo de 2017, la Conafor gastó 550 millones de pesos, y pagó 538.6 millones (el primer dato es el devengado, es decir, ejercido, aunque todavía parte de ello esté pendiente de pago). Para 2018, el gasto fue de 957 millones, de los que ya se habían pagado 619 millones a marzo. En este año, el gasto devengado es de 317 millones, y se han pagado 276.

Para que no tenga que hacer cuentas: en 2019 la Conafor ejerció, de enero a marzo, 67% menos de lo que había ejercido el año pasado. No tengo idea de cuánto de eso tiene que ver con evitar incendios forestales, que precisamente ocurren en estos meses de abril y mayo, pero supongo que bastante. Tampoco he revisado el impacto de la contracción en el programa de empleo temporal, que en parte solía utilizarse para esto, es decir, para limpiar zonas con riesgo potencial de incendio.

Si hubiese unos cuantos incendios, achacarlos a mala suerte no sería mala idea. Pero si tenemos un record, que además se está reflejando en niveles peligrosos de PM2.5 en las ciudades más grandes del país, hay que buscar explicaciones, para corregir y para evitar que vuelva a ocurrir. Tal vez no se trate de un problema de incapacidad de gobierno, pero si el gasto en Conafor es un tercio del de 2018, se requiere una explicación seria de parte de la Secretaría de Medio Ambiente, y de Hacienda.

Ya vivimos dos meses de desabasto de gasolina por pura y simple incapacidad de los encargados del tema. Ya llevamos meses de problemas de abasto de medicinas. Ya está claro que no habrá libros de texto gratuitos para el inicio del ciclo escolar próximo. Ahora tenemos incendios forestales en abundancia. Todo, absolutamente todo lo referido, está asociado con errores del nuevo gobierno. Y todo eso tiene costos, que pagamos los ciudadanos. No en efectivo, sino en menor nivel de vida: menos tiempo disponible, menos eficiencia en salud y educación, más problemas respiratorios.

Yo sé que siempre tienen otros datos, pero sería muy bueno que abandonen el cinismo y poca vergüenza que han mostrado hasta la fecha, y se hagan responsables de lo que buscaron por décadas. Querían todo el poder. Ya lo tienen. Hagan un esfuerzo por gobernar, ya no mejor que los otros, basta con que lo hagan igual que ellos.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.