Acomplejado
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20/06/2019
Actualización 20/06/2019 - 12:44

El lunes se publica el IGAE de abril, que muy probablemente será un poco mejor que el de marzo, aunque no por mucho. Ayer se dio a conocer el comportamiento de la creación de empleo en mayo, del IMSS, y fue bastante malo: 3 mil 983 empleos nuevos. Es el peor, desde junio de 2013, cuando sólo se generaron 2 mil 519. Pero en mayo de ese año, para comparar el mismo mes, la cifra fue de casi 7 mil.

De hecho, uno de los argumentos utilizados de forma reiterada para evadir la responsabilidad de la recesión en que nos metió el nuevo gobierno, es que todos los sexenios tienen dificultades en su arranque. Eso es cierto, pero no todas las dificultades son iguales. Por ejemplo, cuando llegó el gobierno de Fox había una recesión en Estados Unidos, que duró tres años, y que fue el peor golpe que ha sufrido la industria de exportación de México en su historia. El arranque de Calderón, en cambio, no fue tan malo: entre diciembre de 2006 y mayo de 2007 se generaron 90 mil 837 empleos, un crecimiento de 0.7 por ciento, y al terminar el primer año de ese gobierno sumaron poco más de 460 mil empleos, para un crecimiento de 3.4 por ciento.

El arranque de Peña fue menos bueno: 59 mil 996 empleos entre diciembre de 2012 y mayo de 2013, un crecimiento de 0.4 por ciento. Para el cierre del primer año, los empleos generados eran 357 mil 500, y una tasa de 2.2 por ciento de crecimiento anual.

En esta ocasión, entre diciembre y mayo la generación de empleos no es tal, sino una contracción: se han perdido 75 mil 16 empleos, para un crecimiento de -0.4 por ciento. No tengo idea de cómo va a cerrar el primer año de gobierno, pero las tendencias no son favorables.

Como ocurre con otras variables económicas, hay un punto de inflexión en octubre pasado, cuando se anunció la cancelación de la construcción del NAIM. Aunque el gobierno y sus corifeos siguen minimizando esa decisión, la verdad es que sí cambió el rumbo de la economía. Antes de ella, la economía crecía a un ritmo de entre 2 y 3 por ciento anual, para marzo ya estaba en números rojos. Más exactamente, el promedio de crecimiento enero-octubre fue de 2.1 por ciento; de octubre a marzo, 0.7 por ciento.

Antes de la decisión, la construcción oscilaba entre 0 y 3 por ciento (es muy volátil), y el promedio de crecimiento de enero a octubre era de 1.4 por ciento anual. De octubre a abril, es de -1.9 por ciento. Antes de esa decisión, los empleos generados anualmente crecían cero, de octubre para acá promedian -26 por ciento, y el dato de mayo es -45 por ciento.

No dudo que existan otros factores en este cambio de comportamiento, pero no parecen ser tan importantes como la decisión del aeropuerto. Hay una mayor caída en producción de petróleo (cuyo efecto en otros sectores de la economía es menor), y hay un menor ritmo de crecimiento en exportaciones no petroleras, que sí puede reflejarse en otras áreas. No parece de magnitud suficiente como para ser responsable del cambio de dirección, además de que sólo es importante en febrero y marzo, y para abril se recupera.

Son ya muchos datos que confirman que la decisión de cancelar el aeropuerto ha tenido muy serios costos económicos, además del desperdicio de recursos y de la cancelación de oportunidades de conectividad con el resto del mundo. Todo, para que una persona acomplejada pudiera sentirse poderosa, porque no existe otra razón de la cancelación.

En próximos meses habrá que sumar la incapacidad del gobierno, producto de las mutilaciones que ellos llaman austeridad, y de la visión anacrónica que tienen de la energía. A este ritmo, no dudo que en 2020 México sufra, literalmente, un colapso.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.