A reconstruir
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A reconstruir

13/07/2020
Actualización 13/07/2020 - 10:30

Anticiparse demasiado no es una buena estrategia de marketing, y es un error frecuente de esta columna. En los 27 años que ha aparecido, con su anterior nombre y con el actual, este espacio ha tocado temas que reciben atención unos meses después. En meses recientes, por poner ejemplos, Fuera de la Caja afirmó (el 6 de marzo, 'Se acabó') que el sexenio había llegado a su fin, y que a partir de entonces el gobierno no podría hacer ya nada, más allá de la perpetua fuga hacia adelante que atestiguamos día a día.

El 18 de marzo ('Primero lo primero') propusimos un plan de contención económica, centrado en la posposición de cuotas de seguridad social y recursos directos a la población, que describimos de forma más completa el 14 de abril ('Sí se acabó, y no se acaba'). No se trataba de grandes invenciones, ni mucho menos, sino de ideas aplicadas en otros países o conclusiones lógicas de lo que sabemos acerca del funcionamiento de la economía. Todas las propuestas de colegas fueron en la misma dirección, y todas recibieron la misma atención del gobierno: ninguna.

Todavía más, el 9 de abril ('Los López') Fuera de la Caja afirmó que López-Gatell era más parte del problema que de la solución, como espero que sea hoy evidente para todos, cuando los contagios se han multiplicado 90 veces, y las muertes, 180.

Desafortunadamente, como dice el cuento de la rana y el alacrán, no se puede ir contra la naturaleza, de forma que Fuera de la Caja seguirá desfasada de la discusión pública. Esto no significa que esta columna sea infalible. Si fuese así, se llamaría Bola de Cristal. También para ejemplificar, el 24 de marzo proponíamos considerar un ciclo de ocho semanas para la parte crítica del Covid, siguiendo información de China e Italia. No ha sido así, incluso en los países que han actuado correctamente. Sí puede controlarse el pico en cuatro semanas de distanciamiento estricto, pero la reducción tarda más tiempo y los rebrotes no son menores.

Me llevé la mitad de esta colaboración preparando la excusa acerca de lo que le ofrecerá Fuera de la Caja durante esta semana (salvo que ocurra algo excepcional). Quisiera proponer que empecemos a pensar en la reconstrucción. Esto significa reconocer que el derrumbe que presenciamos va a ser completo, que no es algo fácil de aceptar. La evidencia, sin embargo, me parece concluyente.

La caída de la economía durante el segundo trimestre del año rondará -20 por ciento, una cifra no vista jamás (en 1932 no había mediciones trimestrales). No hubo plan de contención, de forma que el golpe se fue directo a empresas y hogares. Las primeras aguantaron lo que pudieron, pero han ido muriendo mes a mes. La pérdida de ingreso en los hogares es espeluznante. Jonathan Heath, subgobernador del Banco de México, es insistente en evidenciar el inmenso costo humano de la crisis: se han perdido 20 millones de empleos de tiempo completo, que en parte han sido compensados con 8 millones de tiempo parcial. Es decir que 12 millones de hogares perdieron su ingreso por completo, y ocho viven con una cantidad significativamente menor.

Pero la crisis económica no es lo único: el gobierno ha destruido la administración pública. Aunque todos reemplazan mandos cuando llegan, en esta ocasión barrieron con todo. Además, redujeron sueldos y prestaciones, e hicieron imposible continuar con la vida laboral merced a la prohibición de trabajar durante diez años en actividades relacionadas. La salvaje poda presupuestal, que entre otras cosas dañó severamente el sistema de salud, terminó de inutilizar la función pública.

No hay nada comparable en nuestra historia, como mañana espero mostrarle.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.