Fuera de la Caja

Populismo

La concentración de poder no es en la Presidencia de la República, sino en el líder que se conecta directamente con su ‘pueblo’.

Como usted seguramente recuerda, el populismo puede definirse como el sistema en el que el líder destruye el marco institucional para establecer una relación directa entre el “pueblo” y él. Para ello, inventa un pasado glorioso que se perdió debido a las malas artes de una élite que debe ser eliminada, y hace uso de todos los recursos económicos posibles para cimentar la relación con el “pueblo”. Eso es lo que hemos vivido en México.

Hoy no existe ya una administración pública profesional, aunque las dependencias ahí sigan. Ya no hay prácticamente nadie que sepa o pueda llevarlas, no hay recursos para gastos elementales, y no hay dirección alguna. Parte de las funciones de esas dependencias fue invadida por las Fuerzas Armadas, que por lo mismo ya tampoco pueden cumplir con sus funciones originales. No hemos tenido necesidad de defender el territorio de un ataque extranjero, pero hemos perdido el control de una parte no menor frente a ataques internos.

El gobierno federal nada más existe ahora para repartir dinero, negar servicios de salud, bloquear permisos de generación eléctrica o explotación de crudo, impedir negocios privados y administrar la quiebra del sistema educativo. El deterioro es monumental.

La falta de dinero está llevando al saqueo de Afores, pero también a la posposición de pagos, que se suman al mayor déficit público en casi cuatro décadas. La falta de resultados, a la intención de destruir cualquier vestigio de contrapeso, es decir, al Poder Judicial.

Sin embargo, una gran cantidad de personas sigue pensando que la elección del 2 de junio es algo normal, y con esa perspectiva evalúan a las candidatas e imaginan escenarios. Creen, por ejemplo, que Claudia Sheinbaum podría llegar a la Presidencia y ofrecer políticas diferentes a las de López Obrador. Regrese usted al primer párrafo: la concentración de poder no es en la Presidencia de la República, sino en el líder que se conecta directamente con su “pueblo”. Si no le queda claro qué significa eso, pregunte a los adultos mayores de dónde viene su pensión. No del Estado, ni del gobierno: se las dio Andrés Manuel.

Si llegara a ganar Sheinbaum (algo posible, pero cada día menos probable), tendrá un Congreso de oposición, que responderá a órdenes llegadas de Palenque; tendrá un gabinete aprobado por su antecesor; no tendrá dinero, ni relaciones sólidas con los grupos armados, legales o criminales. Morena ni siquiera es un partido político, mucho menos una maquinaria de disciplina como lo fue el viejo PRI. Ante la duda, preferirán responder a Palenque que a Palacio.

Será entonces cuando esas personas que hoy no entienden qué pasa, se den cuenta de que ya no habrá salida. El Congreso iniciará en septiembre, todavía bajo la presidencia actual. Ahí se impulsarán las medidas que ya conocemos, siempre inconstitucionales, frente a las cuales Sheinbaum no podrá oponer resistencia. En octubre, ya en la Presidencia, estará maniatada, y al mes siguiente vendrá la elección estadounidense, y el relevo del ministro Luis María Aguilar en la Suprema Corte. La terna para sucederlo saldrá de Palenque. Con cuatro ministros, ya no habrá forma de declarar inconstitucional una ley. Los adefesios de esta semana pasarán sin dificultad.

Dirán sorprendidos que no esperaban eso, que confiaban en que Sheinbaum sería diferente, a pesar de que les dice todos los días que no lo es, que continuará la obra de su mentor, que no tiene nada más qué ofrecer. No sería ni diferente ni igual, sería un instrumento más del populista, que con tal de tener el poder, no hay límite que lo detenga. O lo que es lo mismo: no habrá derechos para nadie que no sea él. Incluyendo a usted, claro.

COLUMNAS ANTERIORES

Debates
Quejumbrosos

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.