Fuera de la Caja

Desfasados

Una cantidad no menor de personas, incluyendo analistas y opinadores, sigue interpretando la realidad haciendo uso de una referencia inadecuada.

Ya lo hemos comentado, pero creo que hay que insistir en ello: estamos viviendo una realidad muy diferente de la que entendíamos. Quienes hoy son mayores de 35 años habían llegado ya a la mayoría de edad cuando Facebook se abrió al público en general (septiembre 2006), y ya habían rebasado ese nivel cuando apareció el primer smartphone en 2007. Eso significa que su niñez y juventud todavía dependió de la televisión (y radio y periódicos en mucho menor medida) como fuente principal de información. Para la mayoría de los mexicanos, fue en realidad hasta la reforma de telecomunicaciones de 2013 que pudieron tener acceso a esas tecnologías.

Dos tercios de quienes pueden votar tienen hoy 35 años o más. Su visión del mundo se construyó bajo otra tecnología comunicacional, que era muy diferente. Aunque desde 1997 hubo una mayor pluralidad, en el fondo todos ellos se formaron bajo un sistema en el que existía una sola fuente de información. De ella dependíamos todos para conocer las cosas alejadas de nosotros, y por eso la información tenía que ser limitada, sencilla y atractiva para millones de personas. En otras partes del mundo ocurría lo mismo, y aunque me gusta usar la fecha de 1999 como inicio del cambio (es el año de aparición de Big Brother, primer programa interactivo de televisión), fue hasta poco antes de la Gran Recesión que empezaron a existir fuentes alternas con impacto relevante.

Es precisamente esa Gran Recesión la que detona la transformación. Un golpe inesperado, de gran fuerza, en un sistema financiero que parecía blindado, obligó a muchas personas a buscar información diferente a la tradicional. Se multiplicaron las fuentes, y algunas lograron tener tanto impacto que se transformaron en movimientos sociales (99 por ciento, el 15M) e incluso en partidos políticos (5 Stelle, Podemos). El salto de una fuente única, sencilla y atractiva, a múltiples opciones, provocó el auge de las teorías conspirativas, que son simples y atractivas, pero falsas. Esto es lo que desató la locura que usted puede ver en todo Occidente. En el resto del mundo, la tecnología ha sido limitada por los gobiernos autoritarios que ahí siguen existiendo.

En nuestro caso, me parece que este fenómeno se pospuso, por las razones mencionadas, hasta después de 2013, de forma que eventos como la matanza de Iguala o el gasolinazo hicieron las veces de la Gran Recesión, provocando esa locura que ya tenía algo de tiempo en otras partes.

Esta transformación comunicacional no es algo sencillo. De hecho, me parece que es un proceso que mina las bases de la nación, porque sin una fuente única que provea información atractiva para todos, la comunidad imaginaria no puede sostenerse. Ese proceso es global, y todavía no es posible imaginar su desenlace. La debilidad interna en Occidente, sin embargo, es lo que intentan aprovechar Rusia, China e Irán, aunque los dos experimentos que llevan, Ucrania e Israel, no les han salido como esperaban.

En México, el gobierno actual, al intentar regresar al pasado, ha buscado por todos los medios reconstruir una fuente única de información. La conferencia matutina, repetida por todas partes, tiene ese objetivo: convertirse en esa fuente única, y con ello ‘producir’ una realidad a su gusto. Creo que ya ha fracasado, pero se seguirá utilizando porque no tienen ya alternativa.

Sin embargo, creo que una cantidad no menor de personas, incluyendo analistas y opinadores, sigue interpretando la realidad con base en lo aprendido en la juventud, es decir, haciendo uso de una referencia inadecuada. De ahí que les importe mucho la popularidad del Presidente, o sus ocurrencias. De ahí su incapacidad para salir de izquierdas y derechas que hoy no tienen sentido. Aunque no lo parezca, vivimos ya en otro mundo.

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