Fuera de la Caja

Disputa

En 2024 deberemos decidir entre dos caminos: la restauración autoritaria o el avance democrático; el retorno al cardenismo o la incorporación a la globalidad.

Comentaba con usted acerca del fondo de la disputa política que vivimos en México. No tiene nada que ver con izquierdas y derechas, ni con movimientos progresistas o conservadores. Se trata del enfrentamiento de dos visiones acerca de qué debemos hacer con el país: regresar a un arreglo que cumple 90 años, en los cuales México no pudo avanzar porque diversos grupos capturaban nuestro esfuerzo para su propio beneficio, o avanzar en uno nuevo, en el que se privilegie la libertad, con el costo en responsabilidad que eso implica.

Esas son las dos coaliciones que se enfrentan. Alrededor de López Obrador, los privilegiados del siglo 20: empresarios-compadres, sindicatos y ‘grupos sociales’ que saquearon las cuentas públicas en el siglo pasado, pero mucho más en este sexenio. Es una coalición conformada por personas que buscan poder y dinero, sin importarles lo que ocurra con el país. Eso es muy evidente en los proyectos de ocurrencia de este sexenio, en su política social asistencialista, en su rechazo a la ley y a las instituciones, pero sobre todo en su desprecio a la verdad y al conocimiento.

Contra López Obrador, o más claramente, contra el intento restaurador, la coalición es más heterogénea, diversa y, por lo mismo, inestable. Priistas que siguen cargando con la herencia cardenista, panistas que no se deciden a ser claros, perredistas que suman ambos defectos, y miles de empresarios, clasemedieros, académicos y ciudadanos que sufren para borrar de su mente lo aprendido en primaria: el adoctrinamiento del viejo régimen.

Los candidatos son lo de menos, porque ninguna persona está en capacidad de ofrecerle al país algo relevante para el próximo sexenio. Lo que se decidirá es si queremos continuar en el proceso de restauración autoritaria o si queremos recuperar el pacto en contra de los privilegios; si queremos mantener la narrativa de hace 90 años, hoy repetida diariamente en las mañaneras, o si queremos apostar por un país moderno, incorporado de verdad en la globalidad.

No faltará quien diga que la globalización fue un fracaso y por eso la ola de retroceso que se vive en el mundo. Quien lo diga es porque forma parte de la primera coalición, aunque no lo acepte o entienda. Es precisamente lo que el adoctrinamiento escolar produce. La forma en que México construyó su régimen en el siglo 20 no fue una anomalía, sino parte de un proceso que se vivió en todo el mundo. A nivel global, los intelectuales que defendieron esos regímenes autoritarios fueron derrotados políticamente en 1968, y se refugiaron en las universidades, desde donde construyeron a la siguiente generación, que ahora nos quiere ilustrar con las mismas ideas, pero ahora revestidas de ‘progresismo’. Son las referencias comunes de quienes no quieren un México global. Insisto, aunque no entiendan bien por qué.

En los 50 años que nos separan de 1968, el año de la derrota de la izquierda global, hemos presenciado el mayor crecimiento económico, la mayor reducción de pobreza y la mayor expansión de la democracia y los derechos humanos en toda la historia humana. México no se sumó a ese proceso de manera franca, y nuestros avances fueron por ello limitados. Aunque sin duda esos procesos detuvieron su ritmo desde 2008, y nos encontramos en un momento de reflujo, no existe otro camino para el avance económico y democrático. Ni en México ni en ninguna otra parte del mundo.

En 2024 deberemos decidir entre esos dos caminos: la restauración autoritaria o el avance democrático; el retorno al cardenismo o la incorporación a la globalidad. Ésas serán las dos coaliciones que se enfrentarán, con candidatos que, insisto, son poco menos que irrelevantes, pero de eso platicamos el viernes.

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