Escenario 2020
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Escenario 2020

13/09/2019

El consenso entre analistas es que la propuesta de presupuesto para el próximo año es una mezcla de responsabilidad con varios episodios de optimismo en la valoración de algunos indicadores para el 2020.

Lo cierto, es que paquete económico no lleva cambios radicales y asegura la política social que impulsa el gobierno federal; incorpora algunas variantes de impuestos, como en los servicios por aplicación tecnológica, las rentas, entre otros, y sube la carga fiscal en el alcohol, tabaco y comida “chatarra”, los sospechosos comunes; pero hasta ahí en general, con el fin de cumplir con la promesa política de no aumentar la tributación en términos reales y no crear nuevos rubros en la materia.

Es de esperarse que la negociación legislativa se tense en diferentes partes de la propuesta, aunque al final no habrá mucho margen de maniobra para modificaciones. La propia mayoría, a través de la Comisión de Presupuesto, ya ha dicho que será hasta dentro de unos dos años que podrá hablarse de una reforma fiscal real y de otras medidas que puedan aumentar los ingresos de la administración pública federal.

La prudencia con la que se ha presentado este documento señala que el próximo ejercicio estará marcado por la cautela ante el proceso electoral en los Estados Unidos y, en consecuencia, las amenazas de guerra comercial de nuestro vecino del norte con China, la cual responderá de acuerdo con su capacidad -que es mucha- para provocar un desequilibrio internacional del que ninguna nación saldrá bien librada.

También toma en cuenta la situación de Petróleos Mexicanos y el enorme reto de producción que se ha autoimpuesto, una flotación del dólar razonable y las posibilidades de consumo que arrojarán los apoyos sociales que ha suministrado el gobierno actual desde los primeros meses del año, que revelarán su impacto hacia finales y durante el 2020.

Es decir, se trata de un presupuesto apegado a una realidad cambiante, que depende de los vaivenes internacionales y que está previendo el inicio de una recesión económica mundial.

Para nosotros, los ciudadanos comunes, significa prudencia en el gasto (como casi siempre), responsabilidad en el endeudamiento y, tal vez, compartir algo del optimismo hacendario con el objetivo de apostar por nuestro país, por medio de su mercado interno, sus empresas pymes y todo aquello que ayude a fortalecer nuestra planta productiva.

Y podemos hacer mucho más: construir ciudadanía y tejer redes de solidaridad entre nosotros. Somos una sociedad desconectada entre sí, demasiado pendiente de la politiquería y las noticias falsas, que nos anuncian a diario el fin de los tiempos. No digo que hayamos llegado al paraíso; sin embargo, éste no se alcanza sin trabajo, voluntad y compromiso.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.