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26/10/2018

Desde hace ya tiempo pareciera que la suerte económica de nuestro país gira en torno a la continuidad del proyecto del nuevo aeropuerto internacional que se ubicará en el Estado de México.

Primero, quiero avisar que participaré en la consulta, por lo que mi opinión ya está convencida de que es un ejercicio democrático a pesar de las fallas técnicas que seguramente tendrá una práctica de esta naturaleza.

No obstante, emitir mi punto de vista sobre un proyecto que inició sin que el gobierno actual pidiera observación alguna de la sociedad y tampoco pudiera dar muestras fehacientes de transparencia en la asignación de contratos y manejo de los recursos públicos para ello, me parecen incentivos para empezar a involucrarnos directamente en las decisiones que toman nuestros gobernantes actuales, electos y futuros.

Se argumenta que la mayoría no somos técnicos especializados en aviación comercial (o en aviación a secas) y tienen razón, pero de la misma manera aquellos participantes directos de esta obra no han utilizado razones de peso, más allá de que sería más costoso suspender que seguir adelante, e incluso que, de mantener el proyecto original en Texcoco, ahora hasta podría ser más barato si se usan productos nacionales.

Eso es lo que provoca la desconfianza, nuestra enfermedad nacional. En este proyecto, por muy necesario –que lo es– y bueno que se presente ahora, la suspicacia le ha ganado la batalla a la certeza, por eso es difícil llegar a una conclusión sensata sin pesar que alguna de las partes que promueve su alternativa no nos está manipulando. O peor aún, metiendo miedo.

Por ello es importante participar. No sólo en este tema y no nada más en esta ocasión. Deberá hacerse costumbre que transparenten todos los proyectos, programas y acciones que involucren un presupuesto que es de todos. Puede que la primera vez sea una experiencia con más errores que aciertos; sin embargo, es el inicio para que se nos tome en cuenta. Sea cual sea su posición, lo convoco a participar en la consulta.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.