Tiro al blanco

¿Rehecho en C.U.?

El Guadalajara le tendió todo para triunfar: lo reclutó de niño, lo formó, lo debutó, le dio múltiples oportunidades y le pagó. No había necesidad para el insulto, por más que la afición le haya cargado la pila.

César Huerta nació en Guadalajara el 3 de diciembre de 2000 y llegó a Chivas a los 10 años. Seis meses después, lo dieron de baja. El “Profe Sanjo”, Juan José Balcázar, lo repatrió en 2013 y al “Chino” le tomó dos años llegar a las Fuerzas Básicas.

Antes de debutar en Primera, pasó por los equipos Sub 15, Sub 17 y Sub 20. Con el primero ganó un torneo internacional y la Tercera División, en la 17 estuvo poco por sus llamados a Selección aunque en su segundo torneo se quedó a dos tantos del título de goleo, y luego en la 20 explotó.

Finalmente, a los 17 años, logró debutar con el primer equipo en la Fecha 16 del Apertura 2018, en un juego ante León, bajo el mando de Matías Almeyda.

El equipo rojiblanco, sin embargo, decidió mandarlo a Zacatepec (una especie de filial que pertenecía en parte a un ex directivo tapatío en ese momento, pero que ahora es non grato) para que madurara.

Huerta volvió un año después, luego de dos buenos torneos, para ser dirigido por Tomás Boy, pero no cuajó y se fue a Monarcas Morelia, que se convirtió después en Mazatlán, y, a finales de 2020, fue repatriado por el Rebaño, comandado entonces por Víctor Manuel Vucetich.

En tres torneos, “Chino” hizo apenas un gol en 26 apariciones de Liga MX.

Finalmente, Pumas lo tomó como parte del pago por el traspaso del canterano universitario Alan Mozo.

Ahora, recuento: llegó a los 10 y se fue a los 6 meses; volvió a los 13 y se fue a Zacatepec; otra vez lo cedieron a Morelia/Mazatlán y no pudo. ¿Es culpa de Chivas?

Entiendo, por lo que me cuentan personas enteradas del caso, que la salida de Huerta fue a petición expresa del jugador y su familia. No podía seguir en el Rebaño. Una decisión respetable, después de toda una formación y una vida en el equipo, decidió que no quería más estar ahí, por las razones que quieran.

En Pumas cayó de pie. Mucho más suelto y en la posición que más le gusta, pronto se ganó un puesto inamovible en el once inicial, luego empezó a meter goles y tomó la bandera de consentido en C.U., muy merecido.

En Selección, con Jaime Lozano, “El Chino” ha demostrado que merecía la oportunidad. Muestra personalidad y saca pecho.

Este jugador, este extraordinario futbolista, no lo vimos en Chivas. Nunca apareció. Una, dos, tres, cuatro y cinco oportunidades. Nada.

El domingo pasado, dio uno de sus mejores partidos (si no el mejor) con la camiseta de Pumas: lo hizo en una fase decisiva, ante un equipo grande, con la necesidad de remontar y con goles y personalidad. Extraordinario, PEEERO, sí hay un pero, cometió un error grave.

Huerta marcó el empate global y, eufórico, cantó el gol mientras corría a la banda. Festejó contra el ex. Un gesto feo. Una afrenta. Sin embargo, sobre el final de su fiesta, mostró su camiseta debajo del uniforme: “REHECHO EN C.U.”, que recuerda aquella legendaria de Jaime Lozano que decía “HECHO EN C.U.”. Un gesto feo se convirtió en una grosería.

El Guadalajara le tendió todo para triunfar: lo reclutó de niño, lo formó, lo debutó, le dio múltiples oportunidades y le pagó. No había necesidad para el insulto, por más que la afición le haya cargado la pila.

Anoche ante Tigres, Huerta fue un jugador bueno y ya, otra vez. Bueno, siempre lo ha sido, pero no fue el crack que se echó el equipo al hombro ante Chivas. La motivación, quizá, no era la misma. Qué triste, que la mejor versión de un futbolista salga para buscar humillar a un equipo que sientes que te trató mal… pero ¿cómo te trataría mal un club que te dio las herramientas para ser quien eres por, al menos, 10 años?

Dar un partidazo y marcar dos goles ante tu ex equipo es para ponerse de pie y aplaudir. Juegos como ese quizá vuelvan a aparecer muchas veces en su carrera y uno de ellos podría ser este mismo domingo. Sin embargo, restregarlo en la cara a quienes te abrieron las puertas y te dieron la oportunidad, es de malagradecidos.

COLUMNAS ANTERIORES

Mbappé, hasta no ver…
Super Bowl LVIII: Las Vegas le pone su toque

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.