Luis Pazos

AMLO, no reconoce errores

La tentación de López Obrador, como la de muchos presidentes y gobernantes, es olvidar que el poder es casi siempre transitorio.

Hay un viejo dicho que reza “De humanos es errar y de sabios reconocer sus errores”, sin embargo, el poder político o económico es el mejor alcahuete para mantenerse en el error.

Esa posición se presenta con más frecuencia entre los empresarios muy ricos y los gobernantes muy poderosos, pues “el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”.

La tentación de AMLO, como la de muchos presidentes y gobernantes como Napoleón, el más poderoso del mundo en sus años, es olvidar que el poder es casi siempre transitorio. Napoleón murió solo y abandonado en la Isla de Santa Elena, que fue su cárcel, sin la multitud de subordinados, generales, empresarios y amigos que le rodearon cuando tuvo el poder.

Esa historia se repite con muchos gobernantes, quienes en la cima del poder no reconocen sus errores, y quienes le rodean no solo los callan, sino algunos se los aplauden.

Uno de sus colaboradores trató de convencer a AMLO que era un error abandonar el aeropuerto de Texcoco, pero escuchó a quienes por intereses propios lo llevaron a cometer ese error.

No le hizo caso al director del Instituto Mexicano del Petróleo, quien le dijo que no era conveniente, ni técnica ni financieramente, construir una refinería en Dos Bocas, lugar que él escogió. Corrieron al director del Instituto Mexicano del Petróleo por contradecir al presidente.

No escuchó a quienes le hicieron ver que trazar la ruta del Tren Maya sobre una preciosa reserva ecológica, para que la vieran, era destruir parte de la belleza que buscaba mostrar.

No escuchó a quienes le dijeron que debía bajar los gastos del Poder Ejecutivo federal, y tuviera cuidado con el crecimiento de la deuda externa. Adoptó la “solución” de posponer los pagos de intereses para después de terminar él su mandato. Aventó el problema a otros, no lo solucionó.

AMLO, en los meses que le quedan, aunque difícil de creer, puede todavía hacer mucho para dejar un país mejor al que recibió, y no uno peor, que así será si no corrige sus errores, que se pueden reducir si él los admite y no se limita a culpar a otros y posponer su solución, lo que hace más difícil corregirlos en el futuro: deuda, déficit, asesinatos, gastos sin comprobar y pérdidas en las empresas estatales, entre otros problemas, que se agrandaron en sus cuatro años y medio de gobierno.

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