¿Se puede abolir el neoliberalismo?
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¿Se puede abolir el neoliberalismo?

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¿Se puede abolir el neoliberalismo?

26/03/2019
Actualización 26/03/2019 - 13:57

El presidente López Obrador declaró la abolición del 'neoliberalismo' el pasado 17 de marzo. Dijo: “Declaramos formalmente desde Palacio Nacional el fin de la política neoliberal, aparejada esa política o modelo neoliberal con su política económica de pillaje, antipopular y entreguista”. López Obrador ha responsabilizado al modelo neoliberal de ser la causa de todos los males que aquejan al país, sobre todo la corrupción y la desigualdad.

¿Puede un presidente abolir en los hechos lo que él llama neoliberalismo? ¿Es AMLO realmente un antineoliberal? ¿A qué se refiere el presidente cuando habla de acabar con el neoliberalismo?

López Obrador es efectivamente un antineoliberal, aunque más en la voz que en los hechos. Está a favor de aumentar el papel del Estado en la economía y considera una traición a la patria el retraimiento del gobierno de muchas actividades económicas en las últimas décadas, como aquella ocurrida en el sector energético. Tiene fe en el gasto público como motor del crecimiento económico y de la creación de empleo, en contraste con el modelo neoliberal que desconfía del gasto estatal y prefiere que el Estado se circunscriba a su papel de regulador de empresas y actores privados.

El presidente también busca la autosuficiencia energética y alimentaria, como si dicha independencia fuera algo bueno en sí mismo, en contra de los neoliberales que buscan que el país se especialice en producir aquello en lo cual tiene ventaja comparativa e importar el resto de los productos. López Obrador, además, ha iniciado con la administración de algunos precios de la canasta básica al fijar aquellos que pagará el gobierno por el maíz, el frijol, el trigo, el arroz y la leche.

A la vez, López Obrador apoya algunos postulados del neoliberalismo: cree en el libre comercio (ha apoyado la ratificación del acuerdo comercial con Canadá y Estados Unidos) y ha dicho que la inversión privada es esencial en los proyectos prioritarios de su sexenio (la construcción del tren maya se haría con una fuerte inversión del sector privado).

Durante su participación en la Convención Bancaria, celebrada en Acapulco, habló como un neoliberal al decir que estaba a favor de la autoregulación de los bancos en materia de comisiones, y ofreció estimular mayor competencia mediante más permisos para bancos regionales. Aseveró que desde el Poder Ejecutivo no se promoverán regulaciones al cobro de comisiones bancarias y se respetará la autonomía del Banco de México.

No queda claro a qué se refiere López Obrador cuando habla de un modelo “posneoliberal”. Quizá se trata de una combinación de economía de mercado, con mayor intervención estatal en el sector energía, con estímulos a la inversión privada en proyectos de infraestructura, principalmente el tren maya, la refinería o el proyecto del istmo de Tehuantepec.

López Obrador, quien no tiene mucho respeto por el significado de las palabras, usa la etiqueta neoliberal como costal de boxeo para distinguirse del pasado y proponer algunos cambios de orientación del modelo, aunque no se trata de un cambio de modelo. Lo que en realidad parece abolir el presidente con su declaración es solamente el fin de la economía del pillaje y la economía al servicio de los privilegiados. Sin embargo, el presidente olvida que la corrupción se da tanto en modelos de mercado como en economías planificadas, como la venezolana o la rusa. La economía del tráfico de influencias no es exclusiva del llamado neoliberalismo, sino de países sin una regulación efectiva de los mercados, sin instituciones judiciales sólidas y con una tradición clientelista como la sociedad mexicana.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.