Memoria selectiva de AMLO frente a la crítica
menu-trigger
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

Memoria selectiva de AMLO frente a la crítica

COMPARTIR

···
menu-trigger

Memoria selectiva de AMLO frente a la crítica

11/02/2020
Actualización 11/02/2020 - 11:58

Una de las tretas del presidente López Obrador para evadir la crítica es señalar a quienes la hacen de ser “chayoteros” y descalificarlos porque, según él, nunca protestaron por los abusos del pasado. Hace dos semanas se refirió a los periodistas Raymundo Riva Palacio y Pablo Hiriart, ambos columnistas de este diario, de quienes dijo “acompañaron al régimen corrupto, de injusticias, de privilegios que predominó hasta noviembre de 2018”.

Ayer en su conferencia mañanera deslizó el nombre de un diario: “Basta ver un periódico, El Universal, y van a ver cuántas mentiras, hablando en plata”. De forma continua se refiere al periódico Reforma como el palacio del conservadurismo que lo ataca sin haberlo hecho en el pasado. “Chayoteros” ha sido el término que utilizan él y sus seguidores para desacreditar cualquier crítica que se haga al nuevo gobierno.

Sin embargo, muchos críticos de hoy también lo fueron con gobiernos anteriores, en ocasiones con mayor enjundia. Riva Palacio, señalado en varias ocasiones por López Obrador, ha tenido que publicar amplios textos recordando su postura en contra de Salinas (a su hermano lo llamó “Mr. 10 per cent” para señalar sus presuntos actos de soborno), Ernesto Zedillo (“¿Dónde está el piloto?”), Vicente Fox (investigó los negocios de su esposa), Felipe Calderón (fue crítico con el plan de seguridad y los negocios de la familia Mouriño) y con Peña Nieto, a quien también cuestionó severamente.

En el caso del periódico Reforma es conocida la aguda crítica que ejerció a lo largo del gobierno de Peña Nieto, aunque López Obrador no lo recuerde. En sus páginas escriben algunos de los críticos más duros que tuvo esa administración, entre ellos algunos a los que AMLO califica de conservadores como Jesús Silva-Herzog Márquez y Denise Dresser, quienes no sólo lo fueron con el gobierno anterior, sino en los sexenios de Fox y Calderón.

La memoria selectiva de López Obrador también aplica a organismos de la sociedad civil. Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad, por ejemplo, sacó a la luz tramas de corrupción durante el sexenio anterior como la ‘estafa maestra’ o de figuras prominentes como Emilio Lozoya, exdirector de Pemex y vinculado en el caso Odebrecht. Hoy el presidente tergiversa los hechos: “Hay una asociación que se llama Mexicanos por la Corrupción […] Ah no, me equivoqué, Mexicanos en favor de la corrupción […] se han dedicado a sabotearnos legalmente […] están molestos, quieren que siga el mismo régimen de corrupción”, dijo en septiembre pasado.

La memoria selectiva de López Obrador también cambia a lo largo del tiempo. Hasta hace pocos años acusaba a las televisoras de ser protectoras de la mafia del poder. Eso llevó a que en 2012 hubiera manifestaciones afuera de las instalaciones de Televisa por su presunta injerencia en las elecciones presidenciales a favor de Enrique Peña Nieto. Hoy, sin embargo, López Obrador no señala más a las televisoras e, incluso, algunos de sus directivos forman parte de su consejo asesor en materia económica.

López Obrador ha equiparado publicidad gubernamental con corrupción. Sin embargo, su uso también es selectivo. El año pasado divulgó una lista de periodistas y de empresas de medios que recibieron “contratos millonarios” durante la administración de Enrique Peña Nieto. Al hacerlo, deslizó una acusación infundada que no aplica en todos los casos.

El presidente jamás ha señalado al diario La Jornada –con quien lo une afecto personal y político– de ser “chayotero” por recibir 582 millones de pesos de publicidad durante el gobierno de Peña Nieto, según información oficial publicada por el instituto de transparencia (INAI). Qué bueno que no lo haya hecho porque recibir dinero del gobierno no significa corrupción. Cabe mencionar que durante tales años el periódico dedicó una gran cantidad de primeras planas a declaraciones del presidente Peña Nieto (cerca de 36 por ciento durante el primer año, según análisis publicado por José Merino y Darío Ramírez en febrero de 2014).

Una buena noticia es la reducción de los fondos para los medios de comunicación que se ha hecho en este gobierno. Efectivamente, el exceso de dinero ha corrompido a amplios segmentos del periodismo mexicano y ha deteriorado su profesionalismo.

Para que la reducción de fondos a medios sea una oportunidad para desterrar el verdadero “chayotismo”, es necesario que se acompañe de reglas claras de distribución. Todavía no se conocen, a pesar de que se prometieron el año pasado. Una de las razones del uso discrecional de presupuestos de publicidad en el pasado fue que se usaban para premiar o castigar a los medios. Sin reglas claras, se mantendrá la práctica de medios que se someten al poder presidencial para obtener recursos a cambio, aun sean estos menores.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.