Más argumentos contra la consulta de revocación de mandato
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Más argumentos contra la consulta de revocación de mandato

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Más argumentos contra la consulta de revocación de mandato

08/10/2019
Actualización 08/10/2019 - 12:56

La consulta de revocación de mandato está a punto de cocinarse. Ya se aprobó en el ámbito de las comisiones del Senado la semana pasada y se votará pronto en el Pleno. Nada garantiza que una consulta revocatoria fortalezca la rendición de cuentas; y hay muchas razones para pensar que estimulará el cortoplacismo: el peor enemigo de la planeación. Asimismo, pondría en riesgo uno de los atributos del sistema político que es la estabilidad.

Quitemos a López Obrador de la ecuación. Así podemos analizar el tema sin pasiones.

Primero, lo esencial. Someter a los gobernantes a un mayor escrutinio político es bueno. Segundo, por supuesto que es deseable que la gente sea más activa y supervise mejor a quienes gobiernan. Tercero, la relación pasiva entre gobernantes y gobernados debiese cambiar hacia una activa e informada.

¿Es la consulta de revocación la mejor manera de lograr lo anterior? No. Hay otras vías intermedias más eficaces. No sólo eso, la consulta revocatoria puede sacar del clóset los peores demonios de la inestabilidad política y del mal gobierno.

Pensemos por un momento en la persona que asumirá el cargo de presidente de la República el 1 de octubre de 2024. (AMLO fuera del análisis). Después de una elección competida, gana Pepe Martínez. El presidente electo sabe que sus adversarios podrán organizar una consulta para expulsarlo del cargo en 2028.

Pepe Martínez sabe que solo cuenta con tres años para ser ratificado. Su horizonte de seis se parte a la mitad. Piensa entonces qué hacer para que el amor del pueblo se mantenga y que sus detractores fracasen en su intento de removerlo.

De sus planes se elimina su propuesta para dar seguridad social universal. Implica conflictos y hacer una reforma fiscal. ¡Fuera! Todos aplaudirían tal medida si pudieran ver los resultados en cinco o 10 años, pero la consulta es en tres. Así que Pepe decide mantener las cosas como están y dar algunos dulces para los votantes, en lugar de universalizar la seguridad social.

Fuera decisiones para el desarrollo en el largo plazo. Fuera medidas que impliquen sacrificio, aunque después traigan bienestar. Fuera proyectos de infraestructura de largo plazo que no se terminen en tres años. Lo que importa es garantizar la segunda mitad del show.

Además del cortoplacismo, el otro riesgo es de inestabilidad. Una de las pocas bondades del sistema político mexicano que ha funcionado por casi un siglo es su estabilidad. Sean buenos o malos, los presidentes se han ido al finalizar su mandato y, desde 1934, nadie se ha ido antes.

La consulta de revocación nos robaría ese atributo. No solo el de reducir la duración de un presidente electo democráticamente, sino además alentaría la tentación de prolongar los mandatos de seis años. Si un presidente es ratificado al cuarto año de forma abrumadora, ¿por qué no entonces pedir que se quede más allá del sexto año?

En lugar de someter a referéndum la permanencia del presidente, más fructífero sería exigir que el Congreso de la Unión haga bien su trabajo. Los senadores y diputados cuentan con las facultades para supervisar la labor del Poder Ejecutivo mediante la fiscalización del gasto público, la glosa del Informe anual de actividades, la ratificación de miembros del gabinete, la formación de comisiones de investigación, la aprobación del Plan Nacional de Desarrollo, entre muchas otras actividades.

Sin embargo, su desempeño como vigilante del Ejecutivo deja mucho que desear –se trata de una de las omisiones que explican los malos resultados de la joven democracia mexicana en las últimas dos décadas. Y no ha cambiado en la nueva Legislatura.

En lugar de someter al Ejecutivo a la consulta revocatoria, ¿no sería más productivo someter al Congreso a un proceso de profesionalización, transparencia y mayor responsabilidad política?

Volvamos a López Obrador. Él prometió la consulta revocatoria. Ya ha cumplido con su electorado porque se ha presentado la iniciativa y él la ha empujado. Si el Congreso dice 'no', ese será otro cantar.

Finalmente, si se aprueba la consulta se siembran hoy los gérmenes de mayor polarización. Lo que México requiere es diálogo, cooperación y apostar porque López Obrador sea exitoso, pero no a costa de una larga campaña de enfrentamientos verbales entre bandos opositores. Eso no le hace bien a México .

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.