Democracia Eficaz

Los apuntes electorales

Se han conformado dos bloques para la elección de junio: Morena con sus aliados, por un lado; y el PRI-PAN-PRD, por el otro. Cada uno debe explicaciones a la sociedad.

Estamos a cuatro meses y una semana de la elección –valga la repetición– más grande de la historia de México. Pero también las intermedias más relevantes –después de aquellas de 1997– para definir el rumbo de la segunda mitad del sexenio y la futura configuración del sistema político mexicano.

No es exagerado decir que la diferencia entre un resultado y otro –en el caso de la elección de diputados federales– será un presidente frustrado con mucho poder legislativo –capaz de enmendar la Constitución para hacer historia en un futuro lejano frente a los escasos resultados materiales de su gobierno– o un presidente frustrado con poder acotado por el Congreso que llevaría –inevitablemente– a un enfrentamiento entre poderes de la Unión.

Y digo un presidente frustrado porque la situación económica, de salud pública y de inseguridad es de tal gravedad que López Obrador –a pesar de sus intenciones– difícilmente dará buenas cuentas en los siguientes tres años, aunque sus programas sociales estén llevando bienestar inmediato a un segmento amplio de la población.

Hasta ahora Morena sigue siendo el partido favorito, aunque lejos de lograr los triunfos de 2018. Será el partido más votado para la renovación de la Cámara de Diputados, pero no alcanzará –de la mano de sus aliados– la mayoría calificada (2/3) de la que hoy casi goza. Podrá ganar la mayoría absoluta (50 + 1), pero aun esa mayoría podría estar en riesgo en un caso extremo de estancamiento económico y desorden extremo de la estrategia de vacunación.

Respecto a las 30 elecciones locales, lo que está en juego –políticamente hablando– son los contrapesos verticales de los gobiernos locales frente a la Federación, por una parte, y la capacidad de Morena de construir una base electoral y clientelar para las próximas décadas, por la otra.

De las 30 entidades con elecciones locales, en 15 se elegirá gobernador. Hasta hace dos meses el marcador lucía 14-1: eso es, Morena parecía el favorito para llevarse la gubernatura en todas las entidades, salvo Querétaro, donde el PAN siempre ha llevado ventaja. Hoy el marcador se ha balanceado: Morena es favorito en siete u ocho entidades, pero sus pleitos internos y una coalición opositora amplia en 12 de los estados en contienda podrían incluso darle más triunfos al PAN y el PRI.

Ya muchas de las estructuras de movilización del voto del PRI, del PRD y del PAN han migrado hacia el nuevo partido hegemónico: si Morena ganase, por ejemplo, la mitad de las elecciones de gobernador, llegaría a gobernar casi la mitad de las entidades y con ello sentaría una base de control que le facilitaría seguir ganando elecciones en las siguientes décadas.

Se han conformado dos grandes bloques para la elección de junio: aquel de Morena con sus aliados, por un lado; y el PRI-PAN-PRD, por el otro. Cada uno debe explicaciones a la sociedad. Morena, por ejemplo, sobre su nuevo amor con el Partido Verde, aquel de oportunistas al que ayer tanto criticaban por ser aliado del 'PRIAN'. También su postura al escoger candidatos repulsivos y ofensivos para segmentos de la sociedad como Félix Salgado Macedonio en Guerrero. Y por qué ha habido tanta opacidad en el mecanismo de encuestas que ha usado Morena para, supuestamente, que "el pueblo elija a sus candidatos".

La oposición debe explicar cómo coexisten hoy antiguos adversarios: cómo el agua y el aceite pueden generar gobiernos virtuosos en lugar de bombas de decepción. Asimismo, por qué las coaliciones del pasado –sobre todo aquellas de 2010 para gobernador entre PAN y PRD– dejaron gobiernos incompetentes y también corruptos en muchas entidades. Pero, sobre todo, el PRI y el PAN deben explicar por qué merecen una segunda oportunidad de gobernar.

Salvo 2015, en todas las elecciones intermedias –sobre todo aquellas celebradas después de una crisis económica– el partido en el poder ha sufrido pérdidas. La pregunta es la magnitud que pagará Morena en esta ocasión. Y la capacidad de la oposición –tundida en 2018– para levantarse y caminar.

Movimiento Ciudadano ha llamado engaño a estas alineaciones: llama engaño que PRI y PAN vayan juntos y rechaza contender como una oposición a López Obrador. Rechaza también el clientelismo de Morena y ser más de lo mismo. Hay una tercera vía, según el partido naranja.

¿Quién tiene la razón?

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