Lo bueno y lo malo del primer año de AMLO
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Lo bueno y lo malo del primer año de AMLO

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Lo bueno y lo malo del primer año de AMLO

03/12/2019
Actualización 03/12/2019 - 8:41

Hay claroscuros en el primer año del presidente López Obrador, según el reporte especial que realizó Integralia Consultores.

Primero, se ha recuperado la confianza en la política como un instrumento de desarrollo y de justicia que se había erosionado en los últimos años por el fenómeno creciente de corrupción, desigualdad, abuso del poder, discriminación e inseguridad. Todas las encuestas muestran que la confianza en las instituciones y en la política se ha recuperado en este primer año.

El segundo logro es haber reducido el dispendio en la administración pública a través de un estilo austero de gobernar, aunque ha tenido consecuencias negativas, como reducir áreas estratégicas del gobierno y alejar a cuadros competentes de la administración pública.

El tercer logro ha sido mantener finanzas públicas en equilibrio, algo particularmente importante cuando la economía se ha estancado y el presidente ha prometido no aumentar impuestos ni tampoco el endeudamiento.

El cuarto aspecto positivo es haber mantenido la apuesta por el libre comercio con América del Norte. Aunque la estrategia para reaccionar al proteccionismo de Donald Trump proviene del gobierno anterior, esta administración ha hecho lo necesario –incluso traicionar sus promesas en materia migratoria– para lograr la ratificación del T-MEC.

Finalmente, el gobierno ha colocado la agenda de la inclusión social como la prioridad nacional. Hacerlo ha generado esperanza, disuade tensiones sociales y propicia estabilidad política en un entorno internacional de inestabilidad y protesta social, como son los casos de Chile, Colombia, Brasil y Bolivia, entre otros.

El primero de ellos es el ejercicio del poder presidencial sin contrapesos que proviene de las amplias mayorías de Morena en los poderes Legislativos federal y en veinte entidades del país, pero sobre todo por un estilo presidencial personalista que tiende a desdeñar voces diversas y a gobernar por voluntad propia.

El segundo retroceso es la falta de criterios técnicos para el diseño, ejecución y evaluación de la política pública, que ha llevado a iniciar proyectos de infraestructura sin planes ejecutivos y a expandir programas sociales sin reglas de operación, sin metas claras y sin padrones de beneficiarios transparentes y completos.

El tercer riesgo o retroceso es la inseguridad. Aunque el presidente ha dicho que reducirla es una de sus prioridades, sus acciones no lo respaldan. Se carece de una estrategia integral, la política preventiva mediante programas sociales será inefectiva para persuadir a los delincuentes a abandonar sus actividades y la Guardia Nacional no se ha implementado en los plazos acordados. Este año será el más violento de la historia moderna.

El cuarto retroceso es el estancamiento económico: 2019 será un año con crecimiento cero y las tasas estimadas para 2020 son también muy bajas.

Finalmente, un riesgo global es la polarización creciente que el presidente propicia con su retórica binaria, la cual genera adversarios ficticios para justificar su narrativa y muchas de sus políticas. Esta tendencia es común en gobiernos con líderes populistas y sólo se acrecienta con el paso del tiempo.

López Obrador es el presidente más popular durante el primer año de su gestión de las últimas décadas. Aunque Vicente Fox (2000-2006) y Felipe Calderón (2006-2012) también lo fueron durante el primer año de su mandato, AMLO se ubica algunos puntos por encima.

Su alta popularidad descansa en su estilo personal de gobernar: cercano a la gente, austero y con un discurso a favor de los grupos más vulnerables. No obstante, las encuestas muestran que la población empieza a cuestionar los resultados de su gobierno: una de El Financiero (26 de noviembre) muestra que el desempeño del gobierno es evaluado negativamente por el 52 por ciento de los encuestados.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.