La perniciosa consulta de revocación de mandato
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La perniciosa consulta de revocación de mandato

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La perniciosa consulta de revocación de mandato

01/10/2019
Actualización 01/10/2019 - 13:05

Surge nuevamente la propuesta para que López Obrador se someta a referéndum en 2021. La nueva propuesta señala que la revocación podrá ser solicitada por el presidente de la República o por un número equivalente al 3.0 por ciento de los ciudadanos inscritos en la lista nominal de electores. Serán organizadas por el INE o los institutos electorales locales y aplicarán para todos los gobernadores del país. La revocación de mandato procederá si los votos válidos equivalen a 50 por ciento más uno de los obtenidos en la elección para ocupar el cargo.

El presidente López Obrador ha cedido a la exigencia de que la consulta no ocurra el mismo día de la elección y ello abre una ventana para su aprobación. La otra petición de la oposición es que el Ejecutivo no pueda ser solicitante de la consulta porque el ejercicio se convertiría en una campaña de ratificación, no de revocación.

Someterse a una consulta revocatoria parece –a primera vista– un bonito gesto democrático. Pero tiene varios inconvenientes. Aquí señalo seis.

1) Primero, esta enmienda constitucional debe ser para las próximas décadas, no solo para poner a prueba a López Obrador en 2021. De tal forma que tenemos que pensar en los beneficios y riesgos para la estabilidad y la gobernabilidad en el largo plazo, no solo ahora que tenemos a un presidente muy popular. Una consulta a mitad de sexenio parte el horizonte político del gobierno porque los presidentes lucharían los primeros tres años para ser 'ratificados' con los incentivos perversos que ello significa.

2) Aunque la consulta se celebrara meses después de concluida la jornada electoral, es claro que en esta ocasión todos los candidatos de Morena se colgarían de la figura de AMLO para defender a la cuarta transformación y de forma inevitable López Obrador sería el centro de las campañas de 2021 con efectos perniciosos sobre la equidad (se compiten 14 gubernaturas, 500 diputados, cientos de alcaldías y diputados locales).

3) Si la consulta la puede convocar el presidente, su propósito es de 'ratificación' y deja de ser un instrumento de los ciudadanos; los únicos facultados para convocar debieran ser aquellos que quieren deponer al presidente, no sus partidarios y menos el Ejecutivo.

4) Si AMLO o cualquier otro presidente pierde la consulta, se tendría que convocar a nuevas elecciones, o bien, diseñar un mecanismo funcional para que el Congreso designe al sustituto. López Obrador ha dicho que “el pueblo pone y el pueblo quita”. Si el pueblo decidiera quitarlo a él o a cualquier presidente en el futuro, sería contradictorio que el pueblo no pusiera al sucesor. Convocar a una elección nacional en el cuarto año de gobierno es caro e implicaría paralizar políticamente al gobierno.

5) La nueva propuesta plantea que la revocación surte efecto si obtiene –al menos– la mitad de los votos de los que obtuvo el presidente cuando fue electo; sin embargo, esto podría llevar a la situación contradictoria de que gane el sí a la revocación, pero que no proceda porque no alcanza la mitad de los votos (en el caso de López Obrador, 15 millones de los 30 que obtuvo en 2018). Una mejor fórmula sería proceder por mayoría simple –siempre y cuando se cumpla con un umbral mínimo de participación análogo al de las consultas populares (40 por ciento).

6) El mayor problema es de vulneración de derechos: si AMLO fuera removido, se estarían afectando los derechos políticos de millones de votantes que lo eligieron por un periodo de seis años. Introducir la consulta revocatoria no podría tener efectos sobre un presidente ya elegido para seis años, sino solo a partir de 2024.

Antes de proseguir con la discusión, es fundamental que los proponentes diseñen una propuesta para elegir al presidente sustituto con mecanismos claros, costos y fechas. Una vez que sepamos si es viable una elección extraordinaria en el cuarto año de gobierno que no afecte la gobernabilidad del país, se puede pasar a discutir con responsabilidad el resto de la propuesta. Pensar que eso es irrelevante porque López Obrador ganará la consulta es verse el ombligo y legislar para darle gusto a una persona.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.