El silencio de la oposición
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El silencio de la oposición

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El silencio de la oposición

31/07/2018
Actualización 31/07/2018 - 9:49

Al reconocer el triunfo de López Obrador la noche del 1 de julio, esto dijo Ricardo Anaya, candidato derrotado del PAN: “Ejerceremos la función de contrapeso en el Legislativo, sin la cual no hay democracia que valga (…). En las causas que nos son comunes, contará con nuestro apoyo; en la agenda con la que disentimos encontrará en nosotros una oposición tan firme y frontal como institucional y democrática”. Sin embargo, Anaya desapareció del mapa desde esa noche y no ha ejercido el contrapeso que su liderazgo requiere.

No sólo eso, el PAN también brilla por su ausencia. Sin resolver la renovación del liderazgo del partido y sin una figura que aglutine a los diversos grupos, el segundo partido en importancia en la nueva legislatura está ausente del debate público. No hay un contrapeso a la rápida sucesión de propuestas que hace el equipo de transición de López Obrador. El PAN no ha estado a la altura de su responsabilidad.

Algo similar ocurre con el PRI. La nueva presidenta ha esbozado algunas ideas de la reforma de su partido, pero han sido escasos los comentarios respecto a las propuestas del nuevo gobierno. Aunque Ruiz Massieu declaró que la bancada del PRI defenderá las reformas estructurales impulsadas por Peña Nieto, las semanas recientes sugieren que difícilmente representará una oposición significativa, ni por número ni por calidad de sus planteamientos o críticas.

No se oyen posicionamientos claros de los futuros coordinadores parlamentarios. El de los 13 senadores del PRI, Miguel Ángel Osorio Chong, sólo ha dicho que “nosotros sí sabemos ser una oposición y lo vamos a demostrar, revisaremos una por una las iniciativas”. René Juárez, quien ya rindió protesta como coordinador de los diputados, declaró que serán una “oposición que actúe sin cerrazón pero sin sumisión”. Pura retórica.

Más firme ha sido el Partido de la Revolución Democrática. Jesús Zambrano declaró que “vamos a estar muy vigilantes para que se hagan realidad las cosas que ofreció, el rosario de ofertas y de promesas que hizo que estoy completamente seguro que no las va a poder cumplir (...) ya lleva casi diez promesas que está dejando a un lado”.

México requiere una oposición firme, responsable, oportuna e inteligente. Cuando no la hay, las cosas salen mal. No la hubo en la primera mitad de este sexenio y los casos de corrupción se multiplicaron. No existió en muchas entidades durante las últimas dos décadas y siempre se generó impunidad y abuso de poder, ya fuera PRI, PAN o PRD el partido a la cabeza del gobierno. No la hubo en los años setenta del siglo XX frente al PRI hegemónico y el resultado fue dispendio, mala administración y crisis económicas.

No ha iniciado el nuevo gobierno, pero el equipo del próximo presidente ya ha planteado muchas propuestas. Muchas positivas y otras inciertas. Hay algunas que pueden llevar al nuevo gobierno a un callejón sin salida, como aquella de descentralizar las secretarías de Estado a las entidades del país. La semana pasada se presentaron siete proyectos prioritarios, pero se desconoce el sustento financiero y el impacto social.

Frente a un futuro gobierno con ganas de gobernar y con muchas ideas y algunas ocurrencias, hace falta una oposición responsable con ganas de serlo. No para bloquear sino para obligar a que las cosas se hagan bien, sin apresuramientos y con responsabilidad presupuestaria y política. Salvo algunos grupos del sector empresarial, los partidos de oposición están agazapados, enterrados en sus propios conflictos internos o incluso en su propio temor de alzar la voz. La lentitud del PAN y del PRI para levantarse y seguir caminando será proporcional a su debilidad como oposición.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.