Contradicciones crecientes de AMLO frente al sector empresarial
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Contradicciones crecientes de AMLO frente al sector empresarial

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Contradicciones crecientes de AMLO frente al sector empresarial

19/05/2020
Actualización 19/05/2020 - 14:16

López Obrador mantuvo hasta febrero pasado una política de 'puertas abiertas' con el sector empresarial organizado. Asistió a la toma de protesta de Carlos Salazar como presidente del Consejo Coordinador Empresarial en febrero de 2019; se reunió en múltiples ocasiones con él y con Antonio del Valle, presidente del Consejo Mexicano de Negocios. Invitó a cenar tamales y chocolate a los empresarios más prominentes del país para que compraran 'cachitos' de lotería para la rifa del avión presidencial.

Pero la pandemia ha evidenciado que hay una animadversión personal de López Obrador hacia el emprendimiento, la creación de riqueza y las empresas en general, sobre todo las de mayor tamaño.

Una y otra vez sugiere que los grandes empresarios han sido traficantes de influencias. No menciona nombres, pero desliza que no pagan impuestos y que deben ser éticos para hacer negocios. Dice que los empresarios tienen cabida en su proyecto de gobierno, pero se niega a dar apoyo a las empresas para enfrentar la crisis económica que se avecina.

Dice que ya hay una separación entre el poder económico y el poder político, pero el número creciente de adjudicaciones directas y la simbiosis con algunos empresarios generan duda. En su consejo asesor empresarial –de cuyo funcionamiento no se ha conocido ningún resultado– se sientan algunos personajes que antes él mismo acusaba de ser parte de la mafia del poder.

El sector donde es más nítida la antipatía de López Obrador hacia el sector privado es el energético. Dijo ayer respecto a la protesta por las restricciones crecientes a las energías renovables:

“¿Por qué la inconformidad ahora?” Luego añadió: “¡Pues imagínense!, se habían apoderado del sector energético, en particular de las industrias eléctrica y petrolera. Conspiraban para destruir a Pemex y a la CFE y hay constancia de lo que estoy diciendo”.

Pocas inversiones tan benéficas para el verdadero bienestar de un país como las energías verdes y renovables y, sin embargo, López Obrador descalifica a sus productores, quienes venden electricidad a la CFE más barata que la que la misma empresa produce.

Aunque el tema de reclamo era la violación normativa para detener la venta de energías renovables a la CFE, López Obrador acabó revolviendo todo para irse a su tema preferido: el saqueo del petróleo.

“Se dejó de invertir para que se dejara de producir petróleo. Se entregaron contratos a particulares que supuestamente iban a dar beneficios. Pero bajó la producción y no hubo beneficios. Destruyeron la petroquímica y refinerías”.

Y concluyó: “Necesitamos poner orden y que ya no se sigan consumando los saqueos del periodo neoliberal. Están en su derecho de ir a tribunales como nosotros también tenemos derecho para defender los intereses de los mexicanos”.

El estatismo energético de AMLO es incompatible con el apoyo que le ha dado al libre comercio con Estados Unidos. Sin una oferta abundante y a buen precio de energía, las empresas mexicanas no podrán aprovechar la oportunidad de reemplazar a China como proveedor de más insumos a la economía americana.

Revertir por la vía de los hechos la reforma energética de 2014 es minar la productividad de las empresas mexicanas y ponerlas en desventaja para competir en el mercado de América del Norte. Es una manera de cancelar la oportunidad geopolítica que tiene México para aumentar su papel en la cadena de suministro de Estados Unidos.

Conforme la crisis económica se acentúe, el discurso antiempresarial de López Obrador subirá de tono. Acusará a los empresarios de no haber invertido lo que prometieron, de despedir trabajadores y, en su momento, también los señalará por sacar su riqueza del país (los famosos 'sacadólares' de los años ochenta).

Ya no hay vuelta atrás. Las relaciones cordiales entre el presidente y el sector empresarial organizado se han roto. Se mantendrá la relación formal y operativa con las diversas áreas del gobierno, pero no veremos más una reunión del presidente con el CCE u otros organismos empresariales.

La pregunta es qué harán los organismos del sector privado cuando arrecien las críticas y acusaciones del gobierno. Es muy temprano para tal enfrentamiento, pero ocurrirá. Los políticos populistas reaccionan muy mal frente a la adversidad; en lugar de adaptarse culpan al entorno de su desgracia. Los empresarios serán parte de la narrativa de ser culpables de la crisis.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.