¿Chayoteros o adictos?
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¿Chayoteros o adictos?

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¿Chayoteros o adictos?

28/05/2019
Actualización 28/05/2019 - 12:11

Una de las causas centrales de la baja calidad del periodismo en México, así como de su complacencia (autocensura) frente a los gobiernos, es que muchos medios de comunicación no viven de sus lectores, radioescuchas o televidentes, sino del dinero público. Y el exceso de éste los ha hecho adictos al dinero fácil. En consecuencia, buscan agradar a quien les paga, no a quien los lee o escucha.

Las primeras planas de la prensa escrita, por ejemplo, están llenas de declaraciones de funcionarios y políticos. Con frecuencia el reportero no se toma la molestia ni siquiera de cotejar los dichos con la realidad y reproduce discursos y más discursos. Para contrastar lo que dice “A”, pide la opinión del político “B” y del “C”, o la de especialistas. No más. Muchos noticiarios radiofónicos son una secuencia de entrevistas con funcionarios de gobierno. Salvo algunas contadas excepciones, no hay investigación propia ni una verificación de las declaraciones de los políticos.

El periodismo declarativo es reflejo de la estructura de ingresos de los medios: si vives de los políticos, debes retratarlos y citarlos en las primeras páginas para que vean que su inversión es rentable. Si vives del dinero que te dan los gobiernos, no puedes investigar la corrupción, ni el abuso del poder ni dar seguimiento a las fallas de sus programas sociales. Si vives del gobierno, mejor invierte en opinadores que te den una pantalla de pluralismo y de crítica, pero cuida tu cobertura periodística.

Aun los medios tradicionalmente críticos de los gobiernos sucumben ante la precariedad financiera que se gesta en un país de pocos lectores. El diario La Jornada, típicamente crítico de los llamados gobiernos neoliberales, fue uno de los que más cobertura dio a las declaraciones del expresidente Enrique Peña Nieto durante su gobierno, presuntamente como reciprocidad por el apoyo financiero recibido. La periodista Orquídea Fong publicó en Etcétera un análisis sobre las portadas y contraportadas del periódico durante 2016, en el cual encontró 244 ediciones con posturas oficialistas, es decir, el 67.6 por ciento de las ediciones de ese año.

López Obrador llama “chayoteros” a quienes lo critican porque ya no reciben dinero del gobierno. La Jornada no lo critica, pero quizá haya sucumbido a la tentación de dar cobertura favorable al gobierno anterior para ser viable financieramente. Otros medios critican al gobierno actual, pero también lo hacían con Peña Nieto, como es el caso de Reforma. Otros no critican a AMLO en espera de recibir dinero público, como tampoco criticaban a Peña Nieto. ¿Eso les quita la etiqueta de chayoteros?

Que López Obrador haya centrado la discusión sobre las malas prácticas del periodismo mexicano alrededor de una lista de 36 personas físicas o morales que recibieron poco más de mil millones de pesos entre 2013 y 2018, desvía la atención del problema de fondo. No solo porque este monto es apenas una porción minúscula del total de fondos que el gobierno de Peña Nieto destinó al gasto en publicidad de gobierno, sino porque entre los nombres hay medios serios y críticos como Animal Político que han hecho periodismo de investigación, que se revuelven con otros medios o personas que por su cercanía al gobierno obtuvieron dinero sin que hayan contribuido a generar un buen periodismo.

El grueso de la publicidad oficial del gobierno anterior se otorgó a Grupo Televisa, TV Azteca, Grupo Imagen, Grupo Fórmula, El Universal, Organización Editorial Mexicana y Grupo Milenio, que recibieron el 47 por ciento del total, poco más de 24 mil millones de pesos. Nuevamente, estas cifras no son sinónimo de culpabilidad, pero sí señalan los volúmenes excesivos de dinero que son estímulo para que los medios cortejen a los gobernantes en búsqueda de recursos públicos.

Finalmente, un tema del que poco se habla es que algunos medios son también instrumentos para tener acceso a contratos o permisos o concesiones de gobierno en otros giros que nada tienen que ver con los medios de comunicación: por ejemplo, hospitales o la industria de la construcción o servicios financieros.

Que el nuevo gobierno haya presupuestado 4 mil 711 millones de pesos para 2019, una cifra 26 por ciento menor frente a la ejercida en 2018, es positivo. También lo es que haya nuevos lineamientos de la política de comunicación social que establecen que ningún medio de comunicación concentrará más del 25 por ciento del total de la pauta publicitaria de una campaña, que se privilegiará a medios públicos para la producción de materiales, que se utilizarán al 100 por ciento de los tiempos oficiales, y que el gasto de campaña de comunicación social se dará a conocer en tiempo real conforme se ejerza.

Mientras tengamos una industria de medios adicta a vivir del dinero de los gobiernos en lugar de hace periodismo para satisfacer a sus lectores, nuestro periodismo será de baja calidad. La única medicina real sería eliminar por completo el anacrónico rubro de publicidad gubernamental y mantener solo los fondos para campañas de interés público.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.