¡Cállate, chachalaca!
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¡Cállate, chachalaca!

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¡Cállate, chachalaca!

30/06/2020
Actualización 30/06/2020 - 13:44

Así le gritó en varias ocasiones el entonces candidato Andrés Manuel López Obrador al presidente Vicente Fox durante la campaña presidencial de 2006. AMLO lo acusaba de imprudencia verbal. Durante una gira por Oaxaca, a casi 100 días de la elección presidencial, López Obrador se refirió a las críticas que Vicente Fox hizo a su propuesta de bajar los precios de los combustibles y dijo:

“¡Cállese, ciudadano presidente!, deje de estar gritando como chachalaca”.

Al día siguiente, el 16 de marzo de 2006, se refirió al entonces presidente Fox como la “chachalaca mayor” y arremetió nuevamente: “¡Cállate, chachalaca!”.

Efectivamente, Fox fue imprudente y no se comportó como jefe de Estado. El “cállate, chachalaca” de López Obrador fue un grito de enojo frente al activismo verbal que desplegó el presidente Fox. Aunque jamás pidió el voto a favor o en contra de candidato alguno, se dedicó a hacer alusiones para atacar a López Obrador. Fox era agresivo y buscaba radicalizar a su enemigo. En una ocasión, durante una gira por Chihuahua, inició su discurso diciendo:

“Mi gobierno vomita la demagogia, el populismo, el engaño y la mentira”.

Estamos a 52 semanas de la elección de 2021 y López Obrador, hoy presidente, parece replicar la conducta imprudente de Vicente Fox. La difusión del documento apócrifo del llamado Bloque Opositor Amplio (BOA) es una señal muy preocupante del activismo retórico que López Obrador empieza a desplegar de cara a las elecciones. Igual que Fox, quiere polarizar a los contendientes.

Luego el presidente ataca nuevamente al Instituto Nacional Electoral (INE). Ya sembró la duda de que el órgano electoral podría cometerle fraude en 2021. Es delirante que el presidente pueda acusar (a la Trump) que el INE –que forma parte del Estado que él encabeza– pueda perpetrar un fraude electoral.

Asimismo, ya se erigió en “guardián de la democracia”. Tiene razón de que hay prácticas que prevalecen y se acrecientan de compra del voto y de fondeo y gastos ilegales en campañas (de las cuales Morena será parte también en 2021), pero ello no le da ninguna excusa de 'vigilar' las elecciones. Puede poner orden en su gobierno, sobre todo entre los servidores de la nación que reparten programas sociales para que no infrinjan ninguna norma, pero AMLO no puede ser guardián de las elecciones –simple y llanamente– porque es parte interesada.

Igual que Fox cuando el IFE le exigió neutralidad durante las campañas de 2006, ahora López Obrador contesta que él tiene la libertad de emitir opiniones. Pero igual que su antecesor, no comprende que hay un tema en democracia muy relevante que no está escrito en las leyes y que es fundamental para su sobrevivencia y cuidado: la autocontención.

Si López Obrador vuelve a emitir opiniones políticas sobre las elecciones y denostar a sus adversarios, el INE podría –ahora sí– emitir medidas cautelares y, eventualmente, alguna sanción. Si ello ocurriese, los seguidores de AMLO acusarán al árbitro electoral de parcialidad, sin recordar que anteriormente el instituto ha exigido lo mismo de otros presidentes (aunque ninguno haya sido tan vociferante como López Obrador).

A mí me parece que las normas electorales son muy restrictivas frente a lo que pueden decir los servidores públicos durante procesos electorales, pero esas son las reglas que hay y que tenemos que observar –que en buena medida se gestaron en la reforma electoral de 2007 para dar respuesta a las quejas del mismo López Obrador en 2006.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.