Democracia Eficaz

Zacatecas: estancada y degradada

Zacatecas no solo está afectado por la inseguridad, la violencia y la falta de inversión, también por la apatía, el desorden y la nula de conducción política del gobierno del estado.

En 1990, Zacatecas y Aguascalientes, estados vecinos, tenían un perfil semejante: economías primordialmente agrícolas, sin una base industrial propia y con un nivel de desarrollo parecido.

Después de tres décadas, Zacatecas luce estancada y degradada. En contraste, Aguascalientes se ha convertido en un milagro económico regional con una base exportadora muy potente y tasas de crecimiento de países asiáticos, al igual que Guanajuato y en menor medida San Luis Potosí.

La comparación es cuestionable, sin duda, por la extensión territorial y la dispersión de la población, pero ayuda a preguntarnos por qué una entidad creció y la otra luce desolada.

Zacatecas tiene la tercera posición de homicidio doloso a nivel nacional y es el primero en extorsión. El tamaño de su economía en 2020 era la misma que 10 años antes, una década pérdida. La pobreza fue de 45 por ciento en 2020 y el rezago educativo casi el mismo que en 2010 (aproximadamente de 22 por ciento).

Quizá la única buena noticia de Zacatecas en estos años sea que las remesas alcanzaron casi mil 600 millones de dólares en 2021, lo que la coloca como una de las entidades con mayor flujo de dinero. (Aunque ese no es un éxito propio sino el efecto de expulsar tanta gente por la falta de oportunidades locales).

Hace pocas semanas visité Aguascalientes y pregunté a un exgobernador cuál era la razón del éxito económico de la entidad. Se quedó pensativo y me dijo que parte de la explicación radica en que la entidad ha tenido buenos gobernadores en los últimos 30 años que han dado continuidad a los esfuerzos de desarrollo.

Lo mismo ocurrió en Guanajuato. También era hace 30 años una economía agrícola y una de las diez entidades más pobres del país. Hoy es la sexta economía del país y una potencia exportadora, aunque concentra también mucha violencia.

¿Y qué ha pasado en Zacatecas? La semana pasada visité la capital de la entidad, una de las ciudades más hermosas del país que, sin embargo, luce semivacía. Restaurantes con poca clientela, hoteles con poca ocupación, carreteras vacías, un aeropuerto local con contados vuelos.

Los testimonios que escuché son muy preocupantes. No solo es la inseguridad y la enorme violencia causada por el enfrentamiento entre el Cártel de Sinaloa y el Cártel de Jalisco que se disputan la plaza, así como la falta de inversión, sino la apatía, el desorden y la falta de conducción política del gobierno del estado.

No solo es la falta de visión del gobernador, sino su actitud soberbia y prepotente. No dialoga con otros grupos políticos, ni enfrenta su responsabilidad de rendir cuentas. Ha desafiado a legisladores y se niega a que sus colaboradores comparezcan ante el Congreso del estado. Asimismo, su gobierno ha emprendido una política de amedrentamiento de medios de comunicación y de cualquier organización que ose criticarlo.

En medio de eso, la delegada estatal de programas para el desarrollo, quien tiene fuertes conflictos de interés y familiares con el gobernador, despliega una enorme influencia en la toma de decisiones de la entidad.

“Díganme una noticia buena o un área que sea orgullo para el resto del país en los últimos años”. La reacción ante mi pregunta que hice a varios actores locales fue la duda primero, el silencio después y al final la mirada pesimista de que la entidad navega sin rumbo y sin destino.

Lo que ocurre en Zacatecas también se replica en otras entidades. Antes había pasado con algunos gobernadores del PRI, del PAN y del PRD, quienes amparados en la complicidad hurtaban sus entidades y desalentaban el desarrollo.

Desde 2018 está ocurriendo con gobernadores de Morena y aliados. Amparados en el paraguas de la llamada cuarta transformación y en triunfos electorales arrolladores que les permiten dominar el escenario político local, navegan sin rumbo y en ocasiones tolerando la corrupción. Ahí están Morelos, Chiapas y Guerrero, por mencionar solo algunos.

El centralismo político de López Obrador, los menores recursos para gobiernos locales y la impunidad política que da la hegemonía a los gobernadores de Morena, hará crisis en poco tiempo.

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