Las mujeres los derrotamos moralmente
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Las mujeres los derrotamos moralmente

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Las mujeres los derrotamos moralmente

13/03/2020
Actualización 13/03/2020 - 5:40

Me desperté emocionada, intuía que haríamos historia. Jamás en mi vida había asistido a una marcha feminista, pero ésta era diferente. ¿La razón? Dos semanas antes, en una carretera, sentí un miedo nunca antes experimentado cuando un hombre que había tomado una caseta me retaba y me veía con odio, con ese odio que nace de la polarización (iba con mi hija de 8 años). Soy una mujer que si no trabaja, no tiene cómo salir adelante, sin prestación alguna, pero con la dicha de trabajar en lo que me apasiona: soy periodista.

Tras ese trago amargo decidí sumarme al paro y marchar como muchas veces antes lo he hecho, pero por otras causas. Le expliqué a mi hija la violencia que estamos viviendo, que nos están matando y que acababan de matar a una niña de nombre Fátima. Acto seguido le pregunté: ¿quieres marchar conmigo?, y me contestó: “sí mamá”. El mensaje de su camiseta fue “Alto a La Violencia”, y gritó: “Ni una asesinada más”, así como “Justicia” o “Yo sí te creo”.

Fotografía de Lourdes Mendoza
Fotografía de Lourdes Mendoza
Fotografía de Lourdes Mendoza

Marché con ella, NO por ella

Nadie me pagó por ir, nadie me lavó el cerebro, simplemente no quiero volver a sentir ese miedo, quiero un mejor México para mi hija y que entienda que nadie la puede violentar, que el enemigo es la violencia y la indiferencia, NO los hombres.

Que el Presidente en sus mañaneras minimizara el tema de los feminicidios por opacarle su rifa, que se preocupara más por los derechos humanos de los criminales que por las víctimas, que nos dijera que los conservadores nos estaban manipulando, me enojó. Señor Presidente, la marcha no fue en su contra, es en contra de la violencia. Pero como sociedad no podemos aspirar a nada o quejarnos sin participar.

Íbamos 14 amigas (incluida mi hija) y la cita era en el Toks de Reforma. Llegamos a las 13:13, y de ahí nos fuimos caminando hacia el Monumento a la Revolución, y déjenme decirles que ya estaba a reventar; para donde volteáramos había mujeres, niños y uno que otro hombre. Las arengas, las consignas, no paraban y el ambiente era indescriptible, te ponía la piel chinita. Y si uno se quedaba callado sólo para observar, hasta lágrimas podía derramar. “Sin duda haremos historia”, pensé. “México dejará de ser el mismo. Seremos el parteaguas”.

Al inicio de la marcha, me cuenta Leonora Tovar, igual de emocionada, “cuando hicimos la valla para que pasaran las familias de las víctimas y todos gritándoles ‘no están solas’... es de lo más fuerte y conmovedor que he vivido”.

Muchos contingentes, como en el que iba, llevaban un cordón para identificarnos y quedar aisladas de posibles desmanes, pero éramos tantas que preferí salirme, porque además la altura del cordón en un momento dado podría haber lastimado a mi hija. Así pues, cinco de nosotras comenzamos a marchar rumbo a Reforma y no había espacio vacío. Entrevisté a María Andree Ortega, de 28 años, y me dijo: “Las mujeres nos sentimos abandonadas e inseguras en nuestras propias casas. Hay que crear una conciencia en los niños del ahora, enseñarles a las niñas que su cuerpo es suyo y nadie lo puede tocar, enseñarles a los niños que a una mujer se le respeta, no se le toca y no se agrede verbalmente”.

Los asistentes éramos de chile, dulce y manteca, y cuando veíamos a alguien hacer una pinta o violentar la marcha (me tocó en Bellas Artes y en 5 de Mayo) gritábamos al unísono: “con violencia NO. Así no”.

En avenida Juárez vi a un papá en la banqueta con sus hijos chiquitos apoyándonos, y, no sólo eso, les estaba enseñando la razón de la marcha y gritaban: “yo respeto a las mujeres”, y en una de sus cartulinas escribieron: prometo ser un caballero. No lo duden, ¡México está cambiando!

Llegamos al Zócalo a las 15:30, exhaustas, pues el calor estaba a todo lo que daba y nos sentamos en la plancha a esperar al resto de la marcha. Muchas de nuestras amigas seguían en el monumento esperando poder caminar, por la cantidad de gente que había. Escuchamos por el micrófono del templete que estaban aventando gas, que no dejaban pasar al resto de la marcha, en 5 de Mayo, y le pedían al gobierno no violentar la marcha, que nos vieran, que estábamos tranquilas. Luego nos tocó vivir las tres bombas, a la primera nos paramos, pero las mujeres del templete pidieron orden, que no corriéramos. Por celular nos avisaban de desmanes en Juárez. Así pues, nos invadió la zozobra, pero sobre todo la tristeza, pues el 90% éramos ciudadanos que reclamábamos ALTO A LA VIOLENCIA, y pedíamos que el gobierno hiciera su trabajo.

Fotografía de Lourdes Mendoza

Sheinbaum, estás en falta

Viendo los múltiples videos de las bombas, es obvio que fueron mandadas. ¿Por qué las autoridades no han dicho nada? ¿Por qué no nos han enseñado los videos de las cámaras instaladas en el Zócalo? ¿Por qué Claudia Sheinbaum, gobernante mujer, dio cifras irreales? Qué gana intentando tapar el sol con un dedo, sólo se aleja más de la gente, de la calle.

Lo cierto es que No nos dejaron tener la foto del Zócalo lleno.

Al final, el resultado fue:

Las mujeres hablamos.

Hay un antes y un después de esta marcha.

Fuimos por lo menos 350 mil asistentes.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.