La gran jugada de AMLO
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La gran jugada de AMLO

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La gran jugada de AMLO

18/09/2019
Actualización 18/09/2019 - 11:54

Hoy les traigo todos los pormenores del Grito en Palacio Nacional. De entrada, mis fuentes en la 4T me comentaron que:

La esencia del evento es la consonancia, la empatía entre el poder y la sociedad. Que es justo lo que aún no ha entendido la élite de México. Razón por la que perdieron. Que desde 1988 hasta el domingo pasado el poder le tenía miedo al 'populacho', y el pueblo, desconfianza y enojo a los de 'arriba'. Vamos, que era como un matrimonio a la fuerza, sin futuro; o como la fiesta de Navidad cuando odias a tu pareja y a su familia”.

Ahora bien, tras ver los resultados de la ceremonia del Grito, sólo queda decir que sí lo hicieron muy bien. Que nos dejaron: nuevos símbolos y contenidos en el Grito.

Sólo el gabinete subió al segundo piso de Palacio Nacional, los demás se quedaron en el patio de honor, es decir, el gabinete ampliado, los embajadores, diplomáticos y los contados empresarios y medios asistentes.

Hubo antojitos mexicanos y aguas frescas, las cuales ahora sí no produjeron ningún coma diabético al que las bebía, tal cual pasó el día de su toma de protesta. Fue verdaderamente un evento muy austero en el que tampoco sirvieron una gota de alcohol. A ojo de buen cubero, asistieron como 200 invitados, de los cuales 90 fueron diplomáticos.

Después del Grito, el Presidente bajó a saludar, sorprendiendo a propios y a extraños. Si no me creen, chequen el tuit de la embajadora de Noruega, Rut Krüger, el cual dice: “una de las cosas que más aprecio de México es que siempre me hacen sentir como en casa. ¡Gracias presidente López Obrador por extendernos la invitación para ser parte de esta gran celebración de México”!

El abrazo más vistoso fue el que le dio Miguel Torruco al Ciudadano, ya saben, en su protagonismo. Las mejor vestidas fueron, justo, Gloria, la esposa de Torruco, y Ceci, la de Esteban Moctezuma. Aunque, déjenme platicarles que el vestido más chuleado fue el de Beatriz Gutiérrez. Que el pez en el agua fue Víctor Villalobos, el secretario de Agricultura, quien iba saludando a todos, y risa y risa. Que, por mucho, los más apapachados fueron Julio Scherer y Alfonso Durazo. La gran ausente fue Olga Sánchez Cordero, a quien le tocó dar el grito en representación del Presidente, en Dolores Hidalgo. Que el saludo más frío fue con el secretario de Salud, Jorge Alcocer. Que Rocío Nahle, quien asistió con su marido, estaba muy feliz, más que el pueblo, para que puedan dimensionar su grado de satisfacción. Bueno, hasta presumió en redes su foto con Bartlett, quien es hoy en día la cara de la corrupción del gobierno de AMLO, cuando ambos, por No haber ido a la escuela y entender el valor presente, organizaron un santo relajo con los gasoductos. Ah, si se preguntan, morbosamente como yo, si alguien le hizo el feo a Manuel Bartlett, temo decepcionarlos.

Así pues, sus hijos estuvieron muy en su papel, sin protagonismo alguno, ya que su padre les enseñó que República es la distancia del familismo monárquico.

El más eficaz, sin temor a equivocarme, Alejandro Esquer. Los más felicitados y queridos, los secretarios de la Defensa, el general Luis C. Sandoval, y de la Marina, el almirante Rafael Ojeda, quienes, según supe, se han ganado el cariño del Presidente, en serio.

Los que ya habían estado antes en los salones: Esteban Moctezuma, con Ernesto Zedillo, y Manuel Bartlett, con Miguel de la Madrid.

Redoble de tambores. Sí… la estrella en ascenso es Arturo Herrera y su grupo, conformado por –más redobles de tambores– Gerardo Esquivel y Graciela Márquez. ¡Así, tal cual!

¿Qué embajadores se lanzaron a exterminar, nunca mejor dicho, los antojitos en venganza por no estar arriba y no ver los cuetes por culpa del toldo que pusieron? Rut Krüger, de Noruega; Anne Grillo, de Francia; Mohamed Saadat, de Palestina; Päivi Pohjanheimo, de Finlandia, y Viktor Koronelli, de Rusia.

El embajador 'cáeme bien' de Estados Unidos, Christopher Landau, andaba desatado, bueno… as usual.

Mireles, el de las nalguitas y pirujas, pero que ya nos pidió perdón, no fue.

Ah, y si tenían la duda de dónde anda Enrique Peña Nieto, les cuento que estuvo en Nueva York, que de hecho el viernes fue visto, para no variar, romanceando con Tania, en Hudson Yards.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.