Ocurrencias
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Ocurrencias

23/01/2020
Actualización 23/01/2020 - 12:00

“Érase una vez un gobierno regido por la ocurrencia, la invención, la realidad alternativa, el dato escondido y el capricho…. Dirigido por el prejuicio ideológico y el prisma de una moral autonombrada superior”. Así podría iniciar el cuento de esta administración en unos años.

Aunque el presidente, consciente en todo momento, de la gracejada con la rifa del avión presidencial, afirma sin recato alguno que su gobierno no es de ocurrencias, la realidad, tristemente para el país, lo contradice casi todas las semanas.

Revisemos:

La cancelación del aeropuerto de Texcoco carece por completo de sustento. No sólo por tirar a la basura siete mil millones de dólares ya invertidos, construidos y depositados en cimientos y obra en el sitio, sino sobre todo, porque el proyecto alternativo (Santa Lucía) terminará costando más que el remanente que restaba a Texcoco. Es decir, pésima inversión, gasto excesivo, cancelación de lo ya construido por el simple capricho de no “enriquecer a contratistas e intereses políticos”. Nunca nos informaron de dichos intereses ni contratos, sólo fue un ardid para justificar una ocurrencia muy costosa para el país en credibilidad y confianza de inversionistas.

Construir un tren turístico y de paisaje que dañará múltiples ecosistemas, costará abundantes recursos y aportará mínimos beneficios a la región.

Levantar una refinería en su estado natal, a un elevadísimo costo, cuando la curva de las energías fósiles en el mundo apunta a su declive en la próxima década. Gasto desproporcionado, zona comprometida, infraestructura parcialmente utilizada en las refinerías del país, y cálculo equivocado en materia de rentabilidad y servicio. Otra ocurrencia.

Desmantelar el Seguro Popular –ineficiente, corrompido por negocios y desvíos, pero que ofrecía cobertura a millones de mexicanos– y substituirlo por un instituto (Insabi) que carece por completo de reglas de operación y servicio. Resultaba más sencillo, como en Texcoco, limpiar la operación, castigar a los responsables de ilegalidades y fortalecer el proyecto. Hoy México enfrenta una grave crisis de salud, con desabasto médico, atención clínica a la baja, presupuesto disminuido a cambio de borrar de los registros, los gobiernos que impulsaron ese seguro de atención médica a los 60 millones de mexicanos que carecen de cobertura. Irresponsable ocurrencia.

Decretar una política migratoria de puertas totalmente abiertas, conciliatoria con los migrantes, apoyo en el tránsito, transporte asegurado y dinero para el viaje, sólo para activar una crisis desproporcionada en la frontera con Estados Unidos. Resultado: retractación inmediata bajo amenaza de la imposición de aranceles y castigos mayores. Error de cálculo por la ocurrencia del “hermano mayor latinoamericano”, que hoy nos convierte en el hazmerreír de Centroamérica.

Rechazar el avión presidencial, anunciar su venta en la ignorancia del esquema de financiamiento, enviarlo a California para el aplauso del graderío, pagar 50 millones de pesos en renta, mantenimiento y servicios, para regresar discretamente, y proponer otros esquemas porque 'resulta que no se vendió'.

Si todas las anteriores no califican como ocurrencias, difícilmente podrían integrarse a un plan estratégico de acciones de gobierno.

AMLO dirige al país con símbolos, con medidas para el aplauso y la imagen entre sus simpatizantes; no con estrategias, planes o proyectos. No con visión de país a largo plazo, no con planes para construir y fortalecer instituciones, afianzar la democracia, corregir los desvíos y castigar los delitos. Se trata del patriarca bonachón que quiere refundar al país, sin conocimiento preciso ni visión profunda, sólo borrar a los que considera equivocados, destruir lo que se hizo las últimas dos décadas y dejar que la nave avance inercialmente: “gobernar no es tan difícil”.

Según economistas expertos, la destrucción de valor-país en estos últimos 13 meses podría alcanzar los 700 mil millones de pesos. Proyectos abandonados, inversión contraída casi eliminada, recaudación fiscal seriamente disminuida, etcétera.

México traía una curva de crecimiento e inversión a julio de 2018, que se detuvo; no se derrumbó el peso, no explotó la inflación, no se aumentó la deuda externa. Bravo por las variables macroeconómicas. Pero se amarró el gasto, se espantó a la inversión, se canceló la apertura energética –parte fundamental de esa inversión.

Bajo la vanidosa y soberbia premisa de “solitos podemos” es que enfrentamos hoy los graves problemas de cero crecimiento y un sistema de salud a punto de explotar.

Las ocurrencias son un grave síntoma de un equipo de gobierno sin rumbo, sin plan ni estrategia con potenciales consecuencias desastrosas para la economía y la democracia del país.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.