La dictadura silenciosa
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La dictadura silenciosa

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La dictadura silenciosa

12/03/2020

El pasado martes se aprobó por mayoría en la Cámara de Diputados una nueva reforma constitucional. Se trata del artículo 4º que garantizará a partir de ahora, el rango constitucional de tres programas sociales: pensión universal para adultos mayores, becas a personas con discapacidad y salud universal a todos los mexicanos.

El debate, no exento de polémica y de argumentaciones jurídicas encontradas, sostenía que se tenían que fijar los criterios presupuestales para el financiamiento de dichas prestaciones. Morena y sus aliados, al más puro estilo priista de antaño (hoy también su aliado incondicional) pasaron por alto todas los señalamientos que hicieron, en esencia el PAN y algún diputado del PRD. De hecho la nueva reforma viola una ley antigua que establece no aprobar programas sociales si no van acompañados de un plan económico, financiero y presupuestal. Como esto adquiere categoría de artículo constitucional, todo lo demás, queda subordinado a la ley mayor, aunque sea contradictoria.

En medio del debate, el diputado morenista Porfirio Muñoz Ledo solicitó la palabra para proponer dos reservas a la nueva reforma. Sus compañeros, colegas de partido, declarados admiradores fieles de la carrera y trayectoria del tribuno, le pasaron por encima. Sabedores de que iba a protestar y a introducir reservar a la reforma, simplemente, no le dieron la palabra.

Muñoz Ledo encolerizó, tomó el micrófono y los llamo “hipócritas lambiscones” a los diputados que, servilmente, aprobaron en automático, sin modificaciones ni reservas, la iniciativa enviada desde el Ejecutivo.

A los pies del presidente, como el penoso Mario Delgado, declara ufano “la bancada del presidente”: a sus servicios señor.

En esos tiempos vivimos, no como se suponía con la victoria de una hipotética izquierda vanguardista y liberal, la consagración de derechos, el combate tajante a la corrupción, la reducción de la pobreza, la consolidación de la democracia.

En los hechos, y lo afirman seguidores y votantes de AMLO, nada de ello ha sucedido.

La consagración de derechos sufrió un retroceso vergonzoso con la designación de la señora Piedra al frente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos. No sólo por el proceso viciado y tramposo (el hurto vil de dos votos para darle la victoria) sino por su proceder desde entonces. Renuncias de prestigiados juristas de la CNDH y la inquieta actividad política de la Señora Piedra que prefiere la vida partidista en defensa de su jefe, que la autónoma e independiente defensa de los derechos. Para atrás.

En el combate tajante a la corrupción, aparece mucho en el discurso y se declara con la boca muy llena que “se ha erradicado de la vida política de México”, pero todos los casos y las investigaciones se reducen a cuatro (dos en España y dos en México, porque García Luna es obra de EU).

El caso Robles es una vergüenza judicial, donde el juez es pariente de la diputada enemiga declarada de la presa, que dictó el encarcelamiento con base en un documento falso.

Aún no se han presentado casos de corrupción en esta administración, pero ya corren versiones y voces en diferentes industrias, donde afirman, les siguen pidiendo.

La reducción de la pobreza sigue siendo una promesa, porque el presidente concibe que se acaba por la abundante repartición mediante programas sociales. La evidencia muestra lo contrario. El mejor instrumento contra la pobreza es el empleo firme, completo, con salario justo y prestaciones. Un rubro en el que esta administración tampoco tiene mucho que presumir, porque ha crecido el salario. ¡Bravo! incuestionable mejora, pero no el empleo.

Por último, la consolidación de la democracia es tal vez, el rubro de mayor riesgo político y social para México, porque el presidente ha debilitado las instituciones, ha desaparecido otras, ha enfilado ataques contra organismos autónomos, renunciado a un ministro de la Corte sin explicación alguna, atacado al INE insistentemente.

Este gobierno no es demócrata, ni mucho menos liberal como se jacta de ser. Representa el caudillismo nacionalista más conservador, el que rechaza los postulados de la economía global, niega la ciencia, fustiga la economía de mercado, golpea a las instituciones que empujaron el cambio plural y democrático de México.

La visión de AMLO es la del PRI de los 70, donde el mundo era más simple; prevalecía la autodeterminación de los pueblos, el respeto al derecho ajeno, la nula o ínfima dependencia económica entre naciones y regiones, la política económica se dictaba desde la silla del águila y todos se sometían al mandato del caudillo.

Hoy vivimos una dictadura silenciosa, o muy ruidosa por la perorata diaria, aparato de propaganda de alta resonancia, en que se disfrazan de liberales, pero son los más retardatarios de las últimas décadas, incapaces de reconocer el grito de justicia feminista, el equilibrio de poderes, la transparencia presupuestal, el respeto a los organismos autónomos. Para atrás.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.