Fenómeno de comunicación
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Fenómeno de comunicación

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Fenómeno de comunicación

09/01/2020
Actualización 09/01/2020 - 12:37

La más reciente encuesta de El Financiero levantada a finales de diciembre arroja datos consistentes en torno a la popularidad del presidente de la República, así como de la desaprobación de su equipo de gobierno. La diferencia clara y marcada acerca del creciente apoyo popular a la figura y persona del mandatario, y la separación acerca de algunas de sus políticas. Nada nuevo en general.

Llama la atención el respaldo abundante hacia las conferencias matutinas que el presidente ha convertido en su eje de comunicación gubernamental. Más del 90 por ciento de los encuestados aprueba las llamadas 'mañaneras'.

Hace un año, varios comunicadores o analistas mediáticos –me incluyo– pronosticamos el riesgo enorme que significaba para el presidente la realización diaria de conferencias matutinas de extensa duración. Entre los factores de riesgo apuntamos la elevada exposición y el desgaste que esto conlleva: en promedio dos horas diarias entre las 7 y las 9 de la mañana dedica López Obrador a su encuentro con medios; la tendencia a la improvisación del presidente que con frecuencia lo lleva a cometer excesos, dislates y afirmaciones erráticas. Luego corrige, y afirma que los medios, siempre mal intencionados, sacamos de contexto las declaraciones que sí hizo, pero en fin, nos hemos ido acostumbrando. Es habitual la carencia absoluta de precisión, datos duros, firmes, sustentados en reportes, informes o estadísticas. Gradualmente se ha ido corrigiendo y ahora se apoyan más en fichas que a él, hay que decirlo, le incomodan de sobremanera. El perfil orador del presidente es más el del predicador que fustiga, señala, acusa o promete, alaba, pinta paisajes idílicos o hace referencias históricas; igual dicta cátedra que denigra a algún personaje del pasado, predecesor o lo que los temas vayan señalando.

Lo cierto que esta prédica matutina ha marcado el tono preponderante de la comunicación del gobierno; es ahí donde se dan a conocer noticias, investigaciones, proyectos, acuerdos de inversión o decisiones internacionales. Es el púlpito nacional, desde donde se dirige a la patria; algunos invitados de su equipo son convidados eventualmente a usar tan alta tribuna, así como empresarios o aliados del gobierno.

El presidente no sólo ha aguantado casi mil horas de exposición mediática en el 2019 desde este espacio, sino que ha salido avante. Las encuestas así lo señalan.

Guste o no a simpatizantes o detractores, estos 13 meses en el poder han probado que el formato le funciona, lo domina, impone agenda, sigue presente en buena parte de los titulares y de los sitios informativos y es, por encima de todo, el vocero único de su gobierno. Es la voz de esta administración. Todos los demás funcionarios, incluso los muy adictos a las cámaras y los micrófonos, han entendido que este escenario y representación tiene un sólo protagonista, y nadie está dispuesto a disputarle ese papel. Por ello ningún secretario de Estado habla o hace conferencias o reportes fuera de las mañaneras, salvo contadas excepciones. Ese es el altar y se administra con cuidado por el jefe máximo.

Esto convierte a Andrés Manuel López Obrador en un fenómeno de comunicación mediática. Pocas pifias a lo largo del año, y todas sin graves consecuencias, porque el propio personaje, al día siguiente, reorienta los comentarios, hace precisiones y establece el tono noticioso. Inédito, inusitado. Y lo más sorprendente es que no hay facturas. Nadie le reclama qué dijo o qué prometió, su imagen y percepción pública no se ven dañadas por las imprecisiones o los 'otros datos' –hasta ahora desconocidos e inexistentes.

AMLO es un fenómeno de comunicación que ha logrado posicionar –como en las épocas de campaña– la voz del candidato, presidente, caudillo, al frente de todo espacio.

En materia digital, redes, tuits, ‘face’ y otros espacios de comunicación en línea, el mecanismo es diferente. En primer lugar porque el gobierno y su oficina operan una de las más sofisticadas redes de bots y trolls vigentes en México. El impulso y posicionamiento que recibe el presidente de ese aparato reproductor de mensajes de simpatizantes y apoyo, se ponen en marcha cuando cualquier crítica aparece en el horizonte mediático. Los “AMLO no estás solo” y “estamos contigo” se reproducen por millones en cuanto una voz discordante dispara una crítica certera, precisa hacia algún sector del gobierno o al propio presidente.

Con todo, no hay, hasta ahora, ningún político conocido que sostenga esa exposición mediática diaria, y cuyo balance sea mucho más que positivo.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.