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Energía vieja y contaminante

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Energía vieja y contaminante

29/10/2020
Actualización 29/10/2020 - 11:08

En estas ya muchas y extendidas semanas de encierro, el célebre y multipremiado documentalista británico David Attenborough ha presentado su más reciente material fílmico, en el que, según sus propias palabras, dicta su legado naturista a los 92 años de edad.

Attenborough es uno de los primeros naturistas y exploradores en recorrer el planeta con una cámara al hombro, para registrar imágenes de sitios desconocidos, animales jamás vistos y ecosistemas distantes.

Según este documental que reviste la riqueza de comparar imágenes de hace 50 o 60 años en sitios ahora desolados por la erosión, por la tala de árboles o por la contaminación ambiental, pero sobre todo, por la emisión de gases invernadero que producen el sobrecalentamiento del planeta. En los 92 años de vida de este investigador inglés, casi un siglo, la humanidad ha devastado un tercio de la flora del planeta y otro tercio de la fauna existente a principios del siglo XX. En síntesis, somos la plaga más dañina y perjudicial que ha existido jamás sobre el planeta; hemos destrozado ecosistemas, provocado la extinción de miles de especies, acabado con bosques, mares, selvas, manglares y atmósferas.

El documental que lleva el nombre del propio investigador, debido al legado y testimonio que arroja, llega a una conclusión aplastante: a este paso, no tendremos qué comer, no soportaremos los contrastes de temperaturas, habremos acabado con la fauna natural y arrasado con toda vegetación en aras de convertir tierra boscosa o selvática, en terrenos cultivables.

Esta última desgracia sucede de forma persistente en Brasil, bajo el auspicio irresponsable del presidente Bolsonaro que reclama la propiedad del Amazonas para devastarlo a su antojo.

Attenborough señala casos de excepción que han logrado transformar la cultura alimenticia, protegiendo ecosistemas, cultivando invernaderos y reduciendo significativamente la emisión de carbono a la atmósfera. Holanda es un ejemplo o Costa Rica, que revirtió en 25 años la devastación de sus junglas y selvas, para convertirlas en motor turístico de observación.

México fue el quinto lugar en biodiversidad a nivel mundial. Hoy, afirman los científicos, hemos perdido esa calificación por la irresponsable política de no protección a ecosistemas y especies de forma extendida.

Pero el más grave problema, a pesar del discurso chabacano y provincial del presidente López Obrador –“nosotros estamos a favor de las energías limpias”– es que México se está convirtiendo en una potencia de la contaminación y el calentamiento global. La primitiva estrategia de generar electricidad con carbón, para consumir los excedentes de la disminuida producción petrolera, ha conducido a enormes emisiones de CO2 a la atmósfera, contribuyendo de manera notable al sobrecalentamiento y por consiguiente –dice Attenborough– a la destrucción de biodiversidad.

La visión añeja, irresponsable, criminal de este gobierno al retornar a la preponderancia de los combustibles fósiles como palanca del desarrollo, perjudicará en cinco años los mínimos avances en protección de reservas naturales, ecosistemas y bosques que se habían alcanzado.

La absurda afirmación del mandatario acerca de que los generadores de energía eólica –los ventiladores gigantes en algunas zonas del país– “afean el paisaje”; o la soberana estupidez del ya expulsado secretario del Medio Ambiente de que los mismos ventiladores “le roban el aire a los indígenas”, hablan de la precaria preparación de estas personas para dirigir una política responsable de protección al ambiente.

Tenemos una ventana muy estrecha como raza humana para revertir esta tendencia. Algunos expertos hablan de tan sólo 10 años a nivel mundial. O dejamos de calentar la atmósfera y por consiguiente al planeta, los mares, la tierra, o perderemos tantas especies vegetales y animales que tendremos que comer cultivos muy deficientes.

Attenborough es inequívoco en sus conclusiones, lo ha visto en siete décadas de recorrer el mundo y registrarlo en su cámara: el ser humano ha destruido su entorno por inconsciencia, por ambición, por avaricia. Los Protocolos de Kyoto primero y después los Acuerdos de París, fijaron medidas y políticas específicas a nivel internacional para proteger nuestro único planeta.

Trump, quien perderá las elecciones el próximo martes, se negó a suscribir los Acuerdos de París. Su partida permitirá que Estados Unidos vuelva a la senda de la responsabilidad ambiental reduciendo la enorme cantidad de gases invernadero que arroja ese país a la atmósfera.

López Obrador se pelea con las energías limpias, desacredita a las empresas extranjeras y nacionales en su inversión para parques eólicos y fotovoltaicos. La factura la pagaremos todos los mexicanos y las próximas generaciones, al permitir que la visión de Bartlett y sus 82 años, o de AMLO y su obsesión petrolera del siglo XX, perjudiquen la deteriorada biodiversidad mexicana.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.