La Aldea

El día más triste

El vergonzoso voto de ambas cámaras por aprobar tres leyes retardatarias en el mundo educativo, nos congela en el tiempo de hace cuatro o cinco décadas.

La esperanza muere cuando la realidad aplastante demuestra la incapacidad humana para privilegiar lo importante, los niños, la educación.

Ganó la extorsión magisterial.

Triunfó el pacto político-electoral de un partido y candidato convertido en presidente, por encima de los derechos de niños y niñas de México a la educación de calidad.

Se derrumbó la posibilidad de elevar la calidad profesional de los docentes.

Se destruyeron mecanismos válidos, legales, transparentes para evaluar y colocar frente a las aulas a los mejores, por sus capacidades y pensamiento, por su experiencia y creatividad; no por su lealtad al líder charro de la sección, por su disciplina al sindicato que se mide en horas-marcha, horas-plantón, horas fuera del salón de clase cumpliendo sus obligaciones.

Se privilegió por enésima vez en México, la alianza política, partidista, electorera y vulgar, por encima del futuro de una nueva generación.

Se condena a una generación entera, a repetir y memorizar, a mantener planes de estudios caducos que carecen de contenidos de vanguardia que impulsen a la formación de mexicanos del siglo XXI.

Se condena a una clase entera de maestros auténticos y comprometidos, a obedecer al jefe de enseñanza, instaurado al interior de los planteles por la nueva reforma y por los sindicatos. No se vale la originalidad, está prohibida la creatividad, la innovación, la capacidad de flexibilizar los planes para adecuar el aprendizaje de comunidades diferenciadas. Aquí se trata de replicar un sistema, de reproducir un programa de mínima exigencia a docentes obsequiosos y serviles al sindicato.

El viejo sistema corporativista del PRI es reproducido por el presidente y por sus acólitos de Morena en el Congreso: plazas automáticas para una serie de normalistas de paupérrima preparación, porque nadie ha tenido la estatura de reformar las normales y elevarlas a verdaderas escuelas profesionales de maestros. ¿Para qué? Si aquí de lo que se trata es de tener líderes charros, obedientes, reproductores de una narrativa de 1970.

El vergonzoso voto de ambas cámaras por aprobar tres leyes retardatarias en el mundo educativo, nos congela en el tiempo de hace cuatro o cinco décadas. Como si el mundo educativo se mantuviera estático, inamovible.

El día más triste es cuando tus legisladores se doblegan ante el mandato de una minoría radical, que se adjudica el derecho de la educación. Y todos, todos, empezando penosamente por el presidente de la República, se subyugan ante la exigencia de los delincuentes que no van a clases, que no asisten a las escuelas, que comercian y venden y heredan las plazas como el negocio más lucrativo. Les entregaron todo: plazas y presupuesto. Mintió el presidente cuando afirmó que no lo haría, ya con abrogar la reforma anterior les había cumplido; pero ellos querían más, exigieron más, obtuvieron todo.

Volveremos a la manipulación de las pruebas nacionales; a la negación de que PISA venga a medirnos, ¿para qué?, ¿por qué vamos a querer comparar la educación pública en México con el resto del mundo? Eso no sirve de nada, afirman estos doctos 'maestros' que se han apropiado de la educación como nunca antes.

Adiós a los comités de padres de familia; adiós a la evaluación toda, completa, bajo el maniqueo argumento de que era punitiva. López Obrador y Moctezuma, y Delgado y Monreal asumieron el argumento por razones políticas, sin pruebas ni evidencias de ninguna persecución o castigo a maestros. Adiós el INEE, adiós al comité y presupuesto de mejora de infraestructura en planteles. Adiós a todo avance que signifique mejorar un complejo sistema educativo del tamaño de un país.

Este gobierno y estos señores de Morena van afirmando que son diferentes, que sus decisiones se sustentan en buscar lo mejor para el país. Son lo mismo que todos, iguales los que pactaron con Elba, los que elevaron a derecho constitucional la capacidad de los maestros sindicalizados a dirigir la educación de México.

Día triste, lleno de vergüenza para un gobierno y unos legisladores que aplastaron a los maestros, las escuelas, los estudiantes y sus padres por conceder una serie de privilegios a un grupo sindical delincuencial, irresponsable, cínico y criminal. Sus derechos por encima de la infancia. Deprimente.

La educación no es de los maestros, no pertenece a los docentes y mucho menos a ningún sindicato. La educación es de México, del país que prepara con estrategia de futuro a las nuevas generaciones, no que pacta con un caterva de hampones el futuro de la niñez.

Ahora será la CNTE y sus líderes los que manden, determinen y establezcan las condiciones, los programas, los contenidos, la formación docente. Los dineros entregados a manos llenas para que ellos mismos capaciten a sus maestros. Criminal.

Nos condena a ser un país de mano de obra barata, incapaz de competir en una escenario global, multilingüe, multiplataforma, con desarrollo de habilidades diversas para un mundo altamente competitivo. Día triste, muy triste.

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