La Aldea

El auténtico despeñadero

A poco más de 20 meses de la victoria electoral de Andrés Manuel López Obrador el escenario es gravemente distinto para México.

Los últimos siete años Andrés Manuel López Obrador recorrió el país afirmando que el gobierno de Peña nos conducía al "despeñadero". Jugaba en su estilo habitual, con el apellido del presidente en turno y lo que consideraba, el derrumbe del país.

A poco más de 20 meses de su victoria electoral y de tomar decisiones, el escenario es gravemente distinto para México.

No voy a defender a la administración anterior. Muchos fueron los excesos, los abusos y la frivolidad, que en buena medida, son una de las razones por las que hoy tenemos este gobierno. Sin embargo, a la hora de revisar en detalle y evaluar algunos programas e iniciativas, hay mucho trabajo rescatable. Compare usted con lo que vivimos hoy.

En educación, los resultados son patéticos. Cero presupuesto a bibliotecas de aula, mínimo a formación docente, los 50 mil millones de pesos del programa Escuela al 100 que equipaba, remodelaba y fortalecía inmuebles educativos, desaparecieron por completo. Además de la lamentable y regresiva reforma que destruyó al INEE y regresó poderes y facultades a sindicatos y mafias magisteriales. Es como si hubiera llegado a la secretaría un equipo de incapaces con el propósito exprofeso de destruir lo que había. Mucha beca repartida sin efecto alguno porque este gobierno piensa que el dinero debe estar en manos de la gente; dinero que no construye escuelas, no capacita docentes, ni tampoco instala redes o plataformas, o acondiciona aulas. Es decir, dinero inútil porque la población no lo va a destinar a mejorar las escuelas públicas. Si acaso, y si su presupuesto lo permite, lo utilizarán para inscribir a sus hijos en escuelas privadas con la mítica aspiración de que la educación privada es superior a la pública. Lo cierto es que después de la pandemia, la brecha entre escuelas públicas y privadas se ensanchará, justamente, por la pobreza presupuestal destinada a la educación pública. Los que menos tienen –con todo y sus becas– aprenderán menos y desarrollarán menos competencias.

En salud, vea usted la debacle. Presupuesto sustraído de la misma forma, en momentos de crisis global por la pandemia. Nadie sabía que el mundo sería azotado por un virus letal de rápida propagación. Sin embargo, en cuatro meses (enero a abril) han sido incapaces de revertir distribución de gasto público y recortes presupuestales para reforzar a un Pemex que se derrumba cada día. No hay insumos para hospitales, los médicos carecen de materiales básicos para curación, intervención, protección incluso al propio personal. Testimonios de directores de hospitales, bajo amenaza de castigo y reprimenda, circulan las redes denunciando la tragedia. El sistema nacional de salud –lo dicen los exsecretarios– carecía de enormes facilidades: equipos, unidades de alta especialidad para atención masiva, etcétera. Pero estaba construido y diseñado para enfrentar amenazas a la salud pública y atender a la población. Le fue retirado –conservadoramente– el 47 por ciento de su presupuesto integral. Lo destruyeron, bajo la miope e ignorante premisa del doctor Alcocer: "tiene grasita dónde recortar" (panel de debate en junio de 2019). Pues le hicieron una liposucción mayor, a la que convaleciente y debilitado, le cayó encima un tsunami.

–Vea usted energía y la política desmantelada para recibir y atraer inversiones por miles de millones de dólares. La reforma energética de Peña –a disgusto de muchos nacionalistas trasnochados– atraería al país de seis a ocho años, entre 250 a 500 mil millones de dólares. Le cerraron la puerta, con portazo y grosería, porque somos muy autosuficientes. El gobierno no canceló la reforma en el discurso o la ley, pero sí en los hechos que archivaron de facto cualquier licitación, ronda, concurso o apertura a la inversión. La locura desmesurada de una refinería en 2020, con miles de millones de dólares tirados en una ciénaga, en contra de la corriente mundial hacia las energías limpias, probará un despropósito gigantesco en la historia petrolera del país.

Por si fuera poco, nos estalla una crisis petrolera donde la secretaria del ramo, Rocío Nahle, hace el ridículo internacional en una reunión virtual de la OPEP. Cierra su computadora y se va, interpretando un aplauso colectivo a la propuesta, como si estuviera dirigido a ella misma. Vaya ignorancia.

Revisemos el turismo, golpeado gravemente por la pandemia y los cierres, que había sufrido ya el retiro de presupuestos de promoción y de difusión internacional a sitios y destinos. Ahora arrinconado bajo las nuevas premisas globales que reducirán viajes, paquetes, aerolíneas y turoperadores en quiebra. ¿El gobierno? Ausente, en la retórica retardataria de que todo eso es privado y debe "rascarse con sus propias uñas".

¿Qué sector rescata usted? ¿Dónde ha tenido éxito la política económica de la presente administración?

La economía en recesión, con caídas del PIB para este año que van de 6.0 a 8.0 por ciento –las más tranquilizadoras–, las exportaciones a la baja, el petróleo en el peor momento de la historia con cotizaciones negativas apenas hace un par de días, Pemex sin grado de inversión, camino que seguirá la deuda soberana de México antes de que termine el año, tal vez el trimestre. Agreguemos a esto la desaparición operativa del gobierno con las nuevas 10 medidas de ayer.

¿Cuál es el verdadero despeñadero?

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