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Días cruciales

18/03/2020
Actualización 18/03/2020 - 11:31

Si hacemos un análisis detallado de las curvas de contagio en la pandemia de coronavirus, España e Italia tienen muchas lecciones que ofrecernos. Es justamente en esta etapa de los 80, 100 contagios confirmados, que las medidas estrictas para impedir el estallamiento de la crisis, son vitales. España saltó de 84 pacientes contagiados, a 120, 160 que representan promedios de 20 a 40 casos diarios, a niveles de 401, 525, 674, 1231 pacientes contagiados con promedios de 100, 150 contagios por día. De ahí, se va a la Luna: números explosivos de 500 o 600 contagios en 24 horas. No existe sistema de salud en el mundo con capacidad para atender esas dimensiones. El mexicano, menos que ninguno por la extrema debilidad que le ha infringido este gobierno, con recortes, despidos, falta de medicamentos o material de curación. Mala hora para que estallara esta crisis epidémica en el mundo.

Mientras tanto aquí seguimos con las chabacanerías. Un gobierno irresponsable que se niega a enfrentar la crisis con entereza y con pertinencia. El presidente de gira, en el beso y el abrazo que tanto complacen a su ego y a su estilo teatral. “Aquí no pasa nada, lo digo yo que soy el que manda” –pareciera decir quien con su férrea voluntad y su fuerza moral, cada vez más cuestionable, pretende doblegar la realidad.

Fue tal la desproporción de sus actos el fin de semana, que planteaban una contradicción con lo que su subsecretario afirma cada día, al recomendar que la gente se recluya en sus hogares. Salió Hugo López-Gatell a defender a su jefe de forma abyecta y vergonzosa. El médico, el epidemiólogo, tuvo que salir a explicar que la fuerza moral de su jefe está por encima de todo y otras sandeces. El médico, el experto clínico –hipotéticamente- en el fangoso terreno de la política.

Un subsecretario tiene esencialmente una función técnica. Recabar información, datos, análisis de un corte científico y especializado que permita tomar decisiones a sus superiores. Aquí tenemos a un subsecretario, la cabeza nacional en la cruzada contra una pandemia, que resbala innecesariamente en un ámbito que desconoce, sólo para eludir la inevitable contradicción en la conducta del presidente. De opereta. Revise usted la prensa internacional, el Washington Post en Estados Unidos o el Der Spiegel en Alemania, donde fuimos (México) y nuestro presidente, el blanco vergonzoso de todas las burlas.

Pero hay temas más serios que la tragicomedia presidencial.

Me explican los expertos médicos, que existe desde hace años en el mundo un debate acerca de cómo enfrentar virus agresivos y fácil transmisión como este. Una es la escuela de Harvard que sostiene la aplicación del mayor número de pruebas y exámenes posibles a potenciales enfermos. La otra es la de Johns Hopkins, también en Estados Unidos, que sostiene justamente lo contrario: la pruebas exclusivamente imprescindibles a pacientes con síntomas y con datos de eventual contagio por contacto con personas en esa condición. Hugo López Gatell pertenece a la segunda, de ahí la muy reducida realización de pruebas en México.

Pero hay otro factor: no tenemos suficientes. Según el reporte del sábado en el Consejo Médico, México tiene disponibilidad de 9 mil pruebas que están administrando de forma muy cuidadosa en estricto apego al protocolo dictado por López Gatell. Entrevista, cuestionario, factor de edad, síntomas y sobretodo, contacto con potenciales contagiados son el requisito indispensable para que le hagan la prueba.

Por si faltaran elementos de crisis en este gobierno, existe un enfrentamiento en visión y estrategia de salud pública al interior de la Secretaría de Salud. Asa Cristina Laurell, subsecretaria de integración y desarrollo del sector salud, tiene bajo su cargo el Cenetec (Centro Nacional de Excelencia Tecnológica en Salud), eslabón fundamental para recabar datos y construir estrategias; el subsecretario Hugo López-Gatell, rostro cotidiano en las mañaneras, subsecretario de prevención y promoción de la salud, cabeza designada por el presidente para dirigir el combate al coronavirus. Ambos médicos, subsecretarios, tienen visiones encontradas acerca de la mejor forma en que México debiera prepararse para la tormenta que viene.

Señalan los expertos a nivel mundial que la clave es mantener los contagios por debajo de los 500 casos, evitar la dispersión del virus porque si llegamos a los niveles de 384 contagios por día, como Italia el día de ayer, el sistema de salud colapsará sin las herramientas ni infraestructura para contener el virus.

Por último, la ola de contagios importados, de viajeros internacionales provenientes de Italia, España y Vail, Colorado, en Estados Unidos, ha pasado ya. Por lo menos dos semanas desde su regreso al país en que, sin pruebas ni síntomas hasta hace apenas pocos días, pueden haber contagiado a mucha gente en oficinas, domicilios, restaurantes y espacios públicos. El contagio puede bien haber pasado ya a una fase doméstica, que López-Gatell sigue sin ver, porque sin pruebas resulta imposible dimensionar el grado de contagio.

El no aislamiento por parte de las autoridades, puede repercutir en un estallamiento de una crisis de la dimensión de España o Italia. Esperemos aún estar a tiempo para detenerla.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.