La Aldea

Craso error

El pobre líder del proyecto, en la insensatez de su ignorancia, se pavonea y se enorgullece de que vamos en otra dirección, no en la de las energías limpias. Vamos directo al pasado.

Muchos economistas y líderes de fondos de inversión internacional señalan sin ambages, que la cancelación del NAIM (Nuevo Aeropuerto Internacional de México) antes incluso de que iniciara esta administración, fue una de las decisiones más dañinas a la economía y erráticas en términos de estrategia de desarrollo.

Aunque los números son hoy motivo de controversia entre la disminuida y debilitada Auditoría Superior de la Federación y el gobierno, no es descabellado asegurar que la cancelación tuvo consecuencias por el orden de 400 mil millones de pesos. Hay quien asegura que son más, considerando la generación de empleo, la activación económica de la zona y el detonador de desarrollo para el país. Si quiere usted, ya ni le sumamos el impacto en imagen y presencia regional e internacional.

Nuestra economía no tiene el vigor ni la fortaleza como para andar despreciando medio billón de pesos, pero este gobierno se da esos lujos y más.

Para muchos más economistas, el plan de rescate de Pemex, las pérdidas de unos 800 mil millones de pesos en dos años, son otro de los peores errores de gasto, de inversión y de estrategia. Este gobierno y su jefe, están obsesionados en volver a los tiempos dorados de la paraestatal poderosa, que tiraba el dinero, y consentía a un sindicato corrupto y abusivo.

Pero lo sucedido esta semana, que está a punto de concretarse en un hecho jurídico, la aprobación de la reforma eléctrica en el Congreso y por consiguiente, su proclamación y firma por el presidente de la República, alcanza el nivel de confusión errática del NAIM.

Se ponen de manifiesto muchas taras, cegueras, estrechuras de pensamiento, rechazo al mundo y su tendencia, remembranzas de un pasado que se fue y no volverá. La nueva ley no sólo reestablece a la CFE (Comisión Federal de Electricidad) como eje vector y monopolio de la generación de energía eléctrica en el país, sino que de forma complementaria, patea, cancela, reduce y castiga a todas las empresas privadas mexicanas o extranjeras que osaron aceptar la invitación del gobierno anterior y el marco legal vigente, para invertir, producir, competir.

Todos los analistas señalan la cascada de litigios que llegarán a los tribunales y a la Corte en cuanto la dichosa reforma retardataria entre en vigor. Parece que al gobierno y al pterodáctilo de la CFE no les importa. No valoran el retiro de la inversión, el mensaje nocivo al mundo de "NO INVIERTA EN MÉXICO" –le van a hacer trampa, lo van a robar y le van a cambiar las reglas del juego. Nada de eso importa. Lo relevante es recuperar un modelo inservible para los tiempos contemporáneos que encarecerá la energía eléctrica en casa, en comercio, en industria, y en todas partes.

Por si faltaran elementos, está el ambiental. La generación eléctrica sustentada en combustóleo, un desecho de la refinación petrolera, es lo más perjudicial al medio ambiente, no sólo porque contamina, sino porque no se degrada con facilidad. Eso tampoco importa.

El error es craso porque vamos a contracorriente del mundo, y el pobre líder del proyecto, en la insensatez de su ignorancia, se pavonea y se enorgullece de que sí, vamos en otra dirección, no en la de las energías limpias, no en la de la sustitución de hidrocarburos, no en la reducción de la huella de carbono. Vamos directo al pasado.

Construir una refinería que no va a funcionar porque subsistirá inundada 60 por ciento del tiempo cada año; recuperar otras refinerías inservibles e inútiles, cuando el mundo se mueve hacia el sol y el viento. Aquí no, vamos a la búsqueda de otros pozos, de fortalecer a un Pemex que se ha convertido en la peor empresa petrolera del mundo: las más endeudada, la de peores índices de productividad –barril/costo de extracción/precio de mercado– y la que, trágicamente, con su orgullo revolucionario envuelto en el pecho, arrastrará a la economía mexicana a la parálisis. Todo el dinero público de México terminará destinado a un rescate inalcanzable.

Y ahora la desgracia eléctrica que elimina la multigeneración, la competencia de mercado, el despacho de energías más baratas y a menor costo para el usuario. Eso desaparece, porque recuperan al gran monopolio.

Craso error de alcances aún imprevisibles, porque la industria se verá afectada, el comercio, la vivienda y muchas áreas más. Pero allá vamos, a la equivocación continua.

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