La Aldea

No llore... mejor responda

López Obrador narró con voz entrecortada y ojos húmedos, la persecución de la que él y su familia fueron objeto en tiempos de Roberto Madrazo como gobernador de Tabasco.

En el evento matutino del pasado martes, el presidente López Obrador narró con voz entrecortada y ojos húmedos, la persecución de la que él y su familia fueron objeto en tiempos de Roberto Madrazo (1994-2000) como gobernador de Tabasco.

La escena, conmovedora ciertamente, podría una vez más disparar la atención pública en otra dirección, propósito esencial del avezado político. Incluso, hasta convencer solidarios sentimientos de apoyo. Pero el tema de fondo sigue sin resolver cuestionamientos básicos.

Para todo el que haya seguido la historia y competencia política de este país los últimos 30 años, sabe bien que Andrés Manuel López Obrador fue perseguido, acosado, espiado, vigilado hasta la saciedad. Y sin duda, su tesón y su convicción lo mantuvieron vivo y activo políticamente para llegar hasta el sitio que hoy ocupa al frente del Ejecutivo federal.

Indudable, incluso admirable como líder de oposición en los tiempos férreos y ásperos del priismo más autoritario.

Pero eso es el pasado. Hoy AMLO es presidente de la República y pretende comportarse con líder de oposición, guiado y dirigido por los mismos argumentos, por el mismo espíritu opositor, crítico al régimen.

El problema es que con el reciente escándalo de las casas de su hijo en Houston, evidencia la misma conducta turbia, opaca, de intereses ocultos que distinguió a sus antecesores, según sus propias acusaciones.

No llore presidente, no arguya la persecución real y auténtica del pasado, para evadir conductas sospechosas del presente. Mejor responder y aclarar.

Si su hijo trabaja para un despacho de abogados en Houston -como él mismo declaró-. ¿Tiene licencia y permiso de la barra de abogados de Texas para ejercer en ese estado?

Según reportaje de Telemundo transmitido el pasado lunes, un reportero visitó la oficina de dicha firma legal, donde por cierto nunca han visto a José Ramón López Beltrán. ¿Su hijo es un ‘aviador’ o un ‘becado’ de ese despacho propiedad del reconocido empresario mexicano Daniel Chávez, cercano asesor del presidente de México?

¿Por qué la empresa KEI PARTNERS de los hijos de Chávez no existía antes de 2018, antes del inicio de su sexenio? ¿Con base en qué perfil, currículum, trayectoria contrató a un ‘abogado’ sin experiencia en el sector inmobiliario estadounidense? ¿Suena a favor y servicio al presidente de México? ¿A cambio de qué?

¿El proyecto de desarrollo turístico en Puerto Peñasco fue propuesto, diseñado, desarrollado por el Grupo Vidanta de su amigo Daniel Chávez? ¿Usted le prometió al empresario Chávez su participación en ese desarrollo, considerando que en el Tren Maya es sólo ‘supervisor honorario’?

¿A cambio de qué Daniel Chávez donó a la federación 200 hectáreas en esa zona de Sonora, donde ahora se habla de un gran proyecto fotovoltaíco desarrollado por la CFE?

No sería la primera vez que una empresa privada le ofrece servicios a un presidente de la República para resolverle algún tema, problema, conflicto. La clave es que no se llegue a saber, o a comprobar. Televisa construyó la versión de que la ‘casa blanca’ de Peña Nieto y Angélica Rivera había sido un pago de la televisora a una de sus actrices estelares, para librar al presidente de la república de una inexplicable propiedad multimillonaria.

Todos conocemos el desastroso resultado de aquella estrategia de comunicación fallida. Quién no recuerda a una Angélica Rivera furiosa, aclarando en televisión nacional, los méritos de su trabajo y su larga carrera para construir su patrimonio.

Nadie libró a Peña de aquél grave traspié, por exhibir riqueza y abundancia cuando el sexenio apenas estaba en su primer tercio. Las consecuencias para él en términos de credibilidad y reputación, para ella en sus pretensiones de retomar su carrera a la larga, y para ambos como pareja, resultaron desastrosas.

De forma muy semejante López Beltrán no puede ahora justificar un empleo para una empresa casi fantasma, de un empresario consentido y beneficiado por el gobierno de su padre.

Si a esto agregamos los contratos crecientes de Pemex a la empresa Baxter Hughes, para la que la señora Carolyn Adams -nuera de López Obrador- presuntamente prestó servicios como cabildera y publirrelacionista, el panorama acusa una sospechosa red de intereses, beneficios y prestaciones que la ley castiga gravemente en Estados Unidos.

En México tal vez no suceda nada, como la decorativa investigación de Virgilio Andrade y la Función Pública acerca de aquella ‘casa blanca’, de la que Peña, Hinojosa y su propia esposa resultaron exculpados de toda conducta ilegal.

El discurso se desmorona con evidencias concretas. Dejemos a un lado la moralidad, la ética, la austeridad republicana de la que tanto se presume.

Este gobierno, como muchos otros, tiene sus empresarios favoritos y consentidos, a quienes les otorga privilegios y prebendas, a cambio de servicios y favores. No existe diferencia alguna con el comportamiento de otros presidentes.

Y vendrán más revelaciones en los meses y años por venir. El presidente no brinda una sola explicación de la actividad política y partidista del célebre Andy, su hijo Andrés, operador en MORENA para distintas entidades. Él es quien aprueba candidaturas, perfiles locales, liderazgos en potencia. Otorga fondos y presupuesto para la construcción de grupos de apoyo. Es intocable en MORENA, todopoderoso, “el orgullo de su nepotismo”.

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