Una riesgosa provocación
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Una riesgosa provocación

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Una riesgosa provocación

18/06/2019

Los niveles de tensión entre Estados Unidos e Irán han ido creciendo de forma exponencial en las últimas semanas. Cuando nos referimos con preocupación a la negativa insistente del presidente Trump, a revisar el acuerdo nuclear con Irán y levantar las sanciones comerciales, señalamos el riesgo de la ruptura total de comunicaciones y enfrentar una abierta confrontación. Ya llegamos a ese punto.

Washington ha retirado en las últimas dos semanas su personal diplomático no estratégico en Teherán, dejando sólo un equipo operativo básico para atender la embajada. Una señal inequívoca no sólo del enfriamiento de las relaciones al grado máximo, sino de eventuales escenarios bélicos.

En adición a esto, anunció ayer el envío de 1,000 tropas adicionales a sus bases y embarcaciones del Medio Oriente, que vigilan, monitorean y hostigan a Irán. El mensaje es claro, ante tal presión y animadversión: cualquier ataque –incluso por accidente- a instalaciones, navíos, personal o intereses estadounidenses- será asumido como una declaración de guerra. Gravísimo.

En contraparte, el presidente Hasán Rouhani, quien ha aguantado los excesos verbales de Trump, pretendió en los últimos tres meses mantener una relación abierta de diálogo y comercio con la Unión Europea. El departamento de Estado también ha ejercido presión en esa línea, amenazando con confiscaciones y cancelación de contratos a países, empresas y gobiernos que hagan negocios con Irán. Las puertas parecen cerrarse para Rouhani y su gobierno que desde el acuerdo nuclear con Obama en 2015, habían empezado a vivir cierta bonanza por la venta de su petróleo a Europa. Todo se ha deteriorado desde la llegada de Trump a la presidencia.

Parece como si Estados Unidos apretara tanto e impulsara tanta tensión en la zona, que quisiera el conflicto armado. ¿Lo quiere?

Donald Trump estará oficialmente en campaña por la reelección a partir de hoy 18 de junio en que anuncie su intención por reelegirse. Los temas centrales o arietes para movilizar a su electorado son, hasta ahora, China y México y el castigo a dos economías que –bajo la muy estrecha mirada de Trump- deben pagar por los beneficios que han obtenido de Estados Unidos. Pero ahí, en ese eje, un conflicto con el enemigo de siempre, el país de la revolución Islámica más radical del siglo XX, el que arrojó al Sha e instaló un régimen teocrático dominado por los Ayatolas, puede ser muy beneficioso.

Los “halcones”, según medios estadounidenses,los asesores de Trump listos para un ataque a Irán son John Bolton, Consejero de Seguridad Nacional, y el propio Mike Pompeo, Secretario de Estado. La obsesión de ambos es conseguir un cambio de régimen en Irán, hacer a un lado a los Ayatolas y pretender instalar una hipotética democracia islámica moderada; un experimento que en Irak resultó un estrepitoso fracaso por las últimas dos administraciones.

El verdadero riesgo es un acto de provocación, como el buque tanque que sufrió una explosión, aún por causas no determinadas y se abrió un boquete en su casco, aparentemente a causa de una mina marítima. Pero Washington reabre viejos expedientes de guerra con Irán, y contempla operaciones aéreas desde portaviones, incursiones quirúrgicas de ataque preciso a instalaciones militares y estratégicas.

La vieja argumentación de la política norteamericana para ganar una elección: cubrir todo el desastre interno, que en el caso de Trump es considerable en torno a sus temas personales, la investigación Mueller, su complicidad con Rusia para desviar la elección del 2016, negocios, impuestos y de forma muy señalada, delitos como obstrucción de la justicia.

Nada beneficiaría más a Trump –en su lógica- que iniciar un conflicto bélico de talla internacional, con el apoyo de sus socios y aliados en Medio Oriente, Israel y Arabia Saudita.

Pero no es tan simple: Europa podría ser un factor en contra de Trump en un eventual conflicto, así como otros países de la talla y el peso de Rusia y China.

Antes de cualquier movimiento en falso, Trump deberá calcular el grave riesgo de una provocación.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.