Trump, desesperado
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Trump, desesperado

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Trump, desesperado

19/05/2020
Actualización 19/05/2020 - 15:47

Este fin de semana tuvo lugar uno de esos ridículos trumpianos a los que nos tiene tan acostumbrados. Difundieron desde la Casa Blanca un video en redes, en el que se reedita un fragmento original de la histórica película El Día de la Independencia, en el que el presidente de Estados Unidos, dentro de la trama, dirige un discurso motivacional a las tropas antes de la batalla final contra los extraterrestres. Utilizaron el film original, insertando los rostros del vicepresidente Pence, el yerno Kushner y algún otro incondicional, aplaudiendo y vitoreando el discurso presidencial. El rostro de Trump fue superpuesto al del actor original que interpretaba al presidente dentro de la película. Un ejercicio pobre de propaganda política, carente de creatividad, imaginación y no digamos originalidad. Muy penoso.

Pero el tema de fondo es el avance del tiempo en un año electoral donde todo parece salirle muy mal al presidente Trump. Mal manejo en la crisis de salud, el desastroso impacto que la propia pandemia ha tenido en la economía, y la evidente intención de Trump por cubrir sus errores de gestión y de discurso. Nadie olvida la forma caprichosa y despectiva en que abordó al coronavirus, desde enero de 2020; sus declaraciones están grabadas, incluso son hoy motivo de memes en redes con bebés berrinchudos negando haber dicho lo que dijo: “esto es como una gripe ligera que pasará antes que un estornudo”; “apenas 15 personas están contagiadas y se reducirá a cerca de cero”; “desaparecerá como un milagro”; “ debieran intentar inyectarse desinfectante de cloro”; “cualquiera que necesite una prueba la puede obtener”; “felicito a China por ser transparente”, y otros dislates semejantes.

El más grave reto hoy, después del daño que el Covid-19 ha provocado con más de 90 mil muertes en Estados Unidos, es la ejecución de una reapertura gradual segura. Si Trump y su gobierno fallan nuevamente en esta tarea y la reactivación económica resulta en más muertes y en la extensión de la pandemia, sus posibilidades reales de reelección se verán disminuidas a menos de 30 por ciento.

Pero lamentablemente esto no está garantizado. La ausencia de Joe Biden y su incapacidad para utilizar medios digitales en la difusión de su campaña, mensajes, imagen y presencia distante, han resultado en un cuasi –falta la Convención– candidato demócrata prácticamente inexistente. Desapareció de la escena, se esfumó, dejando el espacio y protagonismo político entero a Donald Trump. Ahora ya sabemos que, en su caso, esto es un arma de doble filo, porque aparece mucho, pero en la misma proporción comete disparates y locuras de las que luego se tiene que retractar y corregir.

Real Clear Politics, que compila buena parte de los sondeos y mediciones de opinión pública regional y nacional en Estados Unidos, mantiene una ventaja de Biden por un estrecho margen que va del 3 a 6 por ciento, en algunos estados. Los núcleos de firme apoyo a Trump (Texas, Ohio, Carolinas, Idaho) mantienen una ligera ventaja para el presidente. Si extendemos el total nacional por el número de estados, Biden continúa arriba; sin embargo, recordemos el delicado tema del voto popular versus el voto electoral. Como están los números hoy, Biden triunfaría en unas elecciones generales con una victoria en el voto popular, pero muy probablemente perdería en el colegio electoral por el peso específico de los estados. Lo mismo que sucedió con Hillary, y con aquella polémica elección de 2000 cuando Bush hijo derrotó a Al Gore, por el mismo mecanismo.

De cualquier forma Trump está desesperado por arrancar el potente motor de la economía estadounidense, porque sabe bien que, sin esa maquinaria en funcionamiento parcial –la recuperación será muy lenta–, su sueño de reelegirse se desvanece.

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Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.