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Se dobló

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Se dobló

24/11/2020
Actualización 24/11/2020 - 9:33

La evidencia era aplastante. Todos los procesos legales, para muchos legaloides sin sustento ni evidencia, iniciados por el vergonzoso equipo de abogados de Trump, fracasaron.

Ninguna corte de distrito, corte federal, tribunal de ninguna naturaleza, aceptó demandas por fraude electoral. La causa: no existió, los abogados no pudieron reunir en 20 días al día de ayer, pruebas sólidas que empujaran a un juez a aceptar el recurso y abrir una investigación.

Trump dio instrucciones formales para iniciar las gestiones de transición entre ambas administraciones. Tal vez la presión republicana, tal vez las crecientes voces de gobernadores, representantes e incluso senadores de su partido, que iniciaron tardía y mesuradamente una invitación a la reconciliación y el reconocimiento de la derrota presidencial.

Pero hay otro elemento. Desde el viernes y durante el fin de semana, Trump intentó doblegar a delegados de los estados, quienes acudirán el 14 de diciembre a la cita del Colegio Electoral, para cambiar su voto. Para emitir en el Colegio un voto distinto al que representan según los resultados del voto popular en sus estados. Inaudito. Pero lo intentó con legisladores de Michigan, después con algunos de Pensilvania. La respuesta de esos encuentros en la Casa Blanca debe haber sido descorazonadora, porque la tarde de ayer, desde Washington, instruyó a la oficina de Administración de Servicios Generales a iniciar las gestiones y trámites para la transición. Es una aceptación tácita de su derrota, aunque, en los hechos, seguirá en la victimización de un fraude y una conspiración que nunca se lograron comprobar.

Era su última carta, manipular el Colegio Electoral, torcer la ley, convertir en delincuentes a legisladores y representantes republicanos, para que llegaran a decir ahí que su estado votó por Trump, aunque se tratara de estados ganados por Biden. Es decir, a mentir y falsear la realidad, cosa que, para el presidente en funciones, como sabemos, es irrelevante éticamente, siempre y cuando sirva a sus propósitos. Pero se topó, seguramente, con gente de estándares morales más altos que le dijeron que no.

En esta categoría, vale la pena reconocer a todos esos jueces y juezas, magistrados de orientación republicana, que no se dejaron presionar por el poder presidencial. Se amarraron al derecho, a la ley y se negaron a aceptar demandas y recursos de impugnación en contra de la votación, sin sustento alguno.

Merecido reconocimiento que alimenta la esperanza y arroja una bocanada de oxígeno al sistema político estadounidense y al mundo: los populismos pueden mentir, falsear la realidad, incendiar la división ciudadana, pero no torcer la ley. Hasta ahora, parecía al contrario. Los titulares de cortes en todo el país aguantaron la ofensiva presidencial.

Especial mención merece la señora jueza de Pensilvania que les recetó un texto calificado por algunos como humillante, incluso, al describir como “monstruo Frankestein” los intentos de pegar unos testimonios con otros, añadir pruebas falsas con otras para producir un monstruo de alegato que fue someramente rechazado.

Hasta hoy martes, lo que se ve, apunta a una decisión de sensatez política en un personaje acorralado, sin opción ni salida. Pero como la naturaleza de ese personaje es contraria a la sensatez, me reservo la posibilidad de una negociación privada.

La posibilidad de que haya pactado con la administración entrante una salida pacífica y tranquila, a cambio de inmunidad, es alta. Difícil de asegurar con la información que disponemos hasta el momento.

Y la otra es la voz clara y contundente del liderazgo republicano, al 'invitarlo' a retirarse para evitar un mayor desgaste entre sus filas.

Lo veremos en las semanas por venir, en el tono que adquiera y el uso de sus redes.

Si Trump se victimiza, se fue porque el partido le retiró su apoyo.

Si sale y reconoce el enorme capital político de que aún dispone, y le desea buena suerte al nuevo presidente, algo oscuro acordado y negociado podría estar dentro del paquete, como su inmunidad.

El hecho es que se va. Pero el tema pendiente para la vida política americana es: ¿se acabó Trump? Creo que no. Mucho se habla de sus intereses para fundar una nueva cadena de televisión que compita con Fox News, de la que separe a varias de sus figuras más conservadoras, y se convierta en su plataforma personal para la construcción de carreras políticas para sus hijos, y para su propio lucimiento personal.

Falta mucho por ver. Pero, por ahora, se allana el camino de Biden a la Oficina Oval.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.