Putin, una vez más
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Putin, una vez más

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Putin, una vez más

15/09/2020
Actualización 15/09/2020 - 13:32

Por si existía alguna duda razonable en torno a la intervención rusa en el proceso electoral norteamericano de 2016, su regreso flagrante a la campaña de 2020 no hace sino confirmar los resultados de aquella investigación encabezada por el fiscal especial Robert Müller.

El Kremlin, presumiblemente –nadie ha podido demostrarlo con pruebas irrefutables–, montó entre 2012 y 2015 un sofisticado aparato de espionaje digital, que se transformó al paso de los años en un mecanismo de manipulación de la opinión pública a través de las redes sociales. Algún genio exsoviético, maestro digital y de propaganda, conectó algunas premisas muy antiguas de la comunicación pública: la repetición incesante de mentiras o medias verdades, disparadas cientos, miles o millones de veces en tiempos modernos, tienden a construir verdades defendidas apasionadamente por sectores de la sociedad. Tal y como hacía Goebbels –el inolvidable ministro de propaganda nazi que convirtió a buena parte de la clase media alemana durante la década de los 30, en simpatizantes y seguidores fervientes de Hitler. Y sumado a esta premisa, está el uso irrefrenable de mensajes mediante redes, que, de forma quirúrgica y personalizada, refuerzan ideas, conceptos y prejuicios en sectores conservadores de la sociedad.

Así, estudios de la Universidad de Cambridge, en Inglaterra, o de Harvard, en Estados Unidos, coinciden en señalar que ese aparato de manipulación digital operado por –también presumiblemente– la inteligencia rusa ha influido de forma decisiva en el resultado electoral americano de 2016 –la victoria de Donald Trump– o el Brexit en la Gran Bretaña, en agosto de 2017.

Millones de mensajes dirigidos a personas identificadas por su perfil de consumo, navegación, comentarios o simpatías en redes, permiten construir fórmulas de 'comportamiento dirigido' desde grandes computadoras operadas bajo algoritmos sofisticados.

Tan sólo la semana pasada Microsoft, en Estados Unidos, que seguro sabe de sistemas y de operadores en línea, lanzó una nueva advertencia acerca del 'bombardeo' digital proveniente de Rusia para favorecer a Trump en estas elecciones.

Por su parte, la comunidad de inteligencia americana señaló que fueron forzados a minimizar la intromisión rusa en años recientes.

No es ya una teoría de la conspiración alimentada por opositores a Trump, o al Brexit o –vaya usted a saber– a la independencia catalana. Es una realidad sólida demostrada con una serie de investigaciones académicas y otras gubernamentales, para identificar flujos incontenibles de mensajes desde servidores en Europa del este.

Si evaluamos a Rusia y a Putin en los últimos tres años, todo intento de desestabilización internacional advertido por académicos, políticos, la propia Hillary en su momento, al señalar a Rusia como la mayor amenaza para la seguridad estadounidense, han probado bases firmes para demostrar una manipulación desestabilizadora.

La OTAN, dividida y debilitada por el activismo de Trump y su errática política internacional, su conversión de aliados a adversarios y de enemigos a potenciales socios. Vea usted a Corea del Norte, la ruptura con Irán –después de un delicado y complejo acercamiento impulsado por Obama–, la admiración incesante por Putin, el distanciamiento con Francia, Alemania e, incluso, Gran Bretaña.

Putin ha salido fortalecido en tiempos de derrumbe económico en su país. Su control parlamentario ha modificado la ley para una reelección casi infinita (hasta 2034, con lo que sumaría 35 años en el poder 'democráticamente electo') le han permitido sortear con relativa serenidad el descenso en su popularidad.

Y hoy el mundo es más inestable, inseguro, dividido y confrontado que hace cuatro años. Las sanciones europeas contra Rusia después de la anexión de Crimea, han sufrido la descalificación de Trump quien insistió en invitar a Putin de regreso a la cumbre del G20 –cancelada presencialmente por la pandemia.

Muchos son los testimonios corporativos, universitarios y gubernamentales de que este aparato digital funciona desde la inteligencia rusa, aunque Putin y su gobierno lo nieguen.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.