Muro: chantaje y mentiras
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Muro: chantaje y mentiras

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Muro: chantaje y mentiras

08/01/2019
Actualización 08/01/2019 - 21:01

La historia del prometido muro de Donald Trump a lo largo de los últimos dos años se asemeja a una larga telenovela, de esas que van y vienen en el tiempo, cambian líneas argumentativas, resucitan muertos y los vuelven a enterrar.

Trump dijo que sería de concreto y acero reforzado, luego de aluminio y después de regreso al concreto. Primero pidió al Congreso (enero 2017) 20 mil millones de dólares para su construcción; después elevó su solicitud de fondos a 26 mil; hoy estamos a 16 mil.

Dijo que se aseguraría que México pagaría por el muro; después que México lo haría a través del nuevo acuerdo comercial entre ambos países (que por cierto aún no entra en vigor ni ha sido aprobado aún por ninguno de los respectivos Congreso) recientemente afirmó en un tuit que México ya lo está pagando.

En síntesis, un rosario de mentiras y contradicciones que busca desesperadamente mantenerlo a flote con una popularidad decreciente.

Las investigaciones en torno al señor Trump, sus ligas con los rusos para influir las elecciones de las que salió como triunfador, los muy comprometedores dineros que aparentemente ha recibido –él o sus empresas– por gobiernos extranjeros, el lavado de dinero desde su fundación, la evasión fiscal, la probable obstrucción de la justicia en las investigaciones en su contra, han reducido su espacio de maniobra política y crispado su ánimo frente a una Cámara de Representantes ya en dominio de los demócratas. Todo esto ha arrinconado a un presidente que recurrió al chantaje de cerrar el Gobierno para forzar al Congreso a otorgarle fondos para construir el muro. Está desesperado. No tiene mecanismos de negociación y culpa repetidamente a los demócratas de impulsar el crimen y el cruce ilegal por la frontera sur.

El círculo parece cerrarse en torno al presidente Trump y sus repetidas y constantes mentiras al pueblo estadounidense. En muy poco tiempo presenciaremos la presentación formal de acusaciones y cargos en contra de Trump, sustentadas en las muy amplias y colaborativas declaraciones de algunos de sus antiguos asesores y empleados: el señor Flynn, primer consejero de Seguridad Nacional; Michael Cohen, su abogado por años, responsable de pagar los servicios de actrices y sexoservidoras al entonces candidato; Paul Manafort, su exjefe de campaña y pieza clave en la conexión Ucrania-Rusia; y varios más.

Trump está urgido de un triunfo mediático frente a su base electoral, para fortalecerlo antes de la presentación de cargos que, según varios expertos, parece inminente. Además, la demostración de que cumple y seguirá cumpliendo sus promesas de campaña, para lo que el muro resulta más que rentable, porque unifica a sus bases en el sur, en el cinturón industrial, en el medio oeste.

Tiene un enemigo fácil, los demócratas en el Congreso, a quienes culpa del cierre parcial del Gobierno, aunque sea el propio presidente quien lo decretó. Además de la retórica de los crímenes, la droga y los migrantes que invaden sus ciudades y empleos, permea con mucha facilidad entre los grupos conservadores.

Tenemos poco más de 3 mil kilómetros de frontera con Estados Unidos, de los cuales la tercera parte, cerca de mil kilómetros, cuenta ya con algún tipo de reja, valla o muro.

Parte del Presupuesto que en el verano pasado le otorgó el Congreso, mil 600 millones de dólares, contemplaba el reforzamiento de los tramos existentes.

Trump ignoraba la existencia de extensos tramos de muro, lo que le ha permitido mentir –una vez más– y decirle a los ciudadanos que ya está en construcción. Lo va a presentar como construido por su gobierno, cuando hay mil kilómetros que se han levantado a lo largo de los últimos 25 años.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.