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Los regresos de Biden

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Los regresos de Biden

09/02/2021
Actualización 09/02/2021 - 12:35

A tres semanas, mañana, de haber asumido la presidencia de Estados Unidos, Joe Biden ha enviado claras señales de regresar a los organismos internacionales. El primero fue el Acuerdo de París en materia ambiental y de energías limpias, que reformula el compromiso de las naciones desarrolladas (las más contaminantes), y las menos avanzadas, en materia de protección al medio ambiente.

El segundo regreso fue a la OMS (Organización Mundial de la Salud), de donde Trump había retirado a su país, cuando este organismo se negó rotundamente a culpar a China del Covid-19. Trump pretendía aplicar sanciones comerciales, económicas y políticas al acusar a China de la pandemia, cuando hasta el momento no existe evidencia alguna de que el virus haya sido producto de un laboratorio. Por el contrario, el gobierno chino y su conocido autoritarismo cerró una provincia de más de 9 millones de seres humanos (Wuhan) para restringir y contener la propagación del virus.

Un tercer mecanismo multilateral es el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, un foro añejo y en muchos sentidos inoperante, pero aún vigente y útil cuando de confrontaciones internacionales se trata. Desde ese consejo se construyeron las dos alianzas a partir de las cuales se fraguaron las invasiones y ataques a Irak y a Afganistán en los últimos 30 años. Eso no quiere decir que el consejo posea una efectividad probada, o que sus decisiones sean acertadas, pero es el único mecanismo de seguridad internacional donde convergen las potencias nucleares.

Biden ha sido explícito en la voluntad y el compromiso de su gobierno por retornar a la ruta del multilateralismo, del diálogo internacional, de la discusión “entre iguales” con diferentes naciones. Es un primer paso.

El tema de fondo es si el daño provocado por la administración Trump en cuatro años podrá revertirse. Si la pérdida de liderazgo, si el deterioro en imagen y presencia internacional que, finalmente, produjeron un retroceso serio en la confianza que Estados Unidos podía encausar en dichos foros, se ha perdido para siempre.

Los regresos a los foros serán un primer paso que se concretará formalmente en el siguiente trimestre. Se retomarán diálogos, discusiones, la inyección de una nueva energía que las contrapartes leerán con escepticismo. Estados Unidos deberán desplegar una diplomacia activa y propositiva en cada sector para impulsar una renovación de compromisos, y asegurarle al mundo de su inquebrantable convicción.

Para nadie es una duda que los únicos compromisos que funcionan son los que se mantienen a lo largo de décadas. La meta prevista para reducir emisiones de gases y carbono a la atmósfera tiene previsto disminuir un 35 por ciento para el 2025, y vamos en 25 por ciento. Estados Unidos, el principal contaminador del planeta, deberá lograr un 10 por ciento adicional como ejemplo y acicate para otras economías altamente nocivas para el medio ambiente: China, Rusia, India.

El trabajo desde el Departamento de Estado tendrá que lanzar propuestas e iniciativas muy contundentes y desplegar operativos globales de avanzada.

Biden tiene la visión; veremos si también concreta la fuerza y el apoyo necesarios entre sus contrapartes.

La reciente expulsión de diplomáticos europeos por parte de Rusia, y la consiguiente respuesta de tres gobiernos europeos al retirar diplomáticos rusos, no augura ninguna posibilidad de acuerdos con el Kremlin. Tal vez China, en la construcción de una iniciativa global contra el coronavirus, permita la construcción de un nuevo consenso.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.