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La visita

30/06/2020
Actualización 30/06/2020 - 8:55

Empecinado como es, el presidente López Obrador ha decidido y anunciado que irá a Washington. Sobran los argumentos, los textos, las reflexiones y análisis, bueno hasta las cartas (Bernardo Sepúlveda Amor, embajador emérito de México) que se han esgrimido para hacerle entrar en razón. Él, como es, llevado por la mala dirían las señoras de antaño, está obsesionado en llevarle la contra a todos sus críticos quienes le advierten sobre los daños y riesgos de la reunión en la Casa Blanca.

López Obrador se distingue por su perseverancia, por esta insistencia en la que se convence de sus propias razones (ideas, números, complejos, aprendizajes del pasado) aunque estén equivocados. Así sigue sosteniendo que en 2006 le robaron las elecciones, cuando toda la evidencia, electoral, científica, institucional, demuestra la contrario.

Alguien le hizo creer, espero que no haya sido Marcelo Ebrard, que este era un buen momento para ir, porque desde allá, lo mandaron llamar. Y López Obrador, obsecuente con Trump, bajo una lógica insensata de agradecimiento que no se sustenta, aceptó.

¿De qué le debemos dar las gracias a Trump?

En términos concretos de nada, absolutamente nada. Los famosos respiradores fueron vendidos, pagamos por ellos, como a cualquier empresa farmacéutica o de equipo médico. El país entero sabe de los agravios e insultos de Trump hacia los mexicanos, y a pesar de todo, López Obrador le va a hacer caravanas. Dice que no es un “vendepatrias”, pero ese no es el punto. Nadie piensa que AMLO va a ofrecerle a Trump condiciones ventajosas sobre nada acerca de México, excepto, eso sí, su vergonzosa traición “a los hermanos centroamericanos”, a quienes les dio un palmo de narices y 27 mil efectivos de la Guardia Nacional como barrera. El gobierno de México construyó el muro humano con guardias, para complacer a Donald.

El punto aquí es el debate político electoral en Estados Unidos: polarizado, confrontado, con incendiarios temas sanitarios, económicos y raciales. Un país cuyo presidente acentuó las heridas de una nación con desprecios raciales a flor de piel, con heridas de profundo dolor latente por décadas.

En ese contexto va a ir el presidente mexicano a Washington, con graves riesgos para él como jefe de Estado, y para México hacia el futuro.

En el eventual, y muy probable triunfo de los demócratas en las elecciones de noviembre, ¿cómo será visto hacia adelante el espaldarazo de López Obrador a Donald Trump?

AMLO carece de experiencia internacional. No ha participado en cumbres ni en reuniones globales, no ha sostenido diálogos con dignatarios extranjeros que forjan un estilo diplomático de comprensión y tacto en relaciones internacionales. Peor aún, nadie ha podido domar al impredecible, explosivo, bipolar y acosador humillante que es Donald Trump. ¿De verdad quiere 'debutar' en reuniones bilaterales internacionales con este monstruo?

A veces la soberbia puede ser infinita.

Como ha explicado con precisión el excanciller y embajador emérito Bernardo Sepúlveda, no existen razones políticas para el encuentro. No es el TMEC cuyo proceso avanza, no es el intercambio económico, no es el delicado tema de seguridad y coordinación de inteligencia. ¿A qué va? A regalarle una foto al presidente-candidato en su proceso de reelección.

Si revisamos las declaraciones de AMLO en la visita de 2016, cuando Peña lo recibió en Los Pinos con el rechazo de medio gabinete, todo el país y, por supuesto, Hillary Clinton y los demócratas, López Obrador afirmaba que Trump había ofendido a México. Decía entonces que nos había faltado al respeto, y Peña de paso al recibirlo.

Cómo ha cambiado Andrés Manuel que ahora llama a Trump “buen amigo de México” y corre a estrechar su mano en el peor momento político de ese país.

La visita es un error grave, de la que obtendremos ningún beneficio y que, por el contrario, nos costará seriamente cuando los demócratas llegan al Poder Ejecutivo o, por lo pronto, al Legislativo. AMLO traiciona sus principios nacionalistas, y si alguien pudiera afirmar que se trata de una decisión de política pragmática, se equivoca pues en los hechos está interviniendo en asuntos de política interna.

Peor aún, ¿qué hará el presidente mexicano cuando su contraparte le clave el muro y sus costos entre pecho y espalda? ¿Qué responderá López Obrador cuando le digan de frente que cambia la política energética, que no respeta la ley, que rompe contratos? ¿Qué va a contestar cuando le digan que su política de seguridad es un fracaso y que tienen los mercados estadounidenses repletos de droga mexicana porque nadie combate a los cárteles, ni los detiene, ni los persigue?

Un error más: no es una visita oficial de Estado, carece de ese tratamiento y protocolo. Es una visita oficial de trabajo, donde se sostienen reuniones, se acuerdan eventualmente algunas declaraciones, y se acabó.

El señor canciller Ebrard tendrá que trabajar como mago, para intentar controlar todas las variables, los comunicados, la conferencia de prensa, el photo op, etcétera. Blindar al Presidente de la mejor manera posible. Pero con Trump nada está controlado, jamás.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.