Entre el descuido y el 'chamaqueo'
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Entre el descuido y el 'chamaqueo'

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Entre el descuido y el 'chamaqueo'

17/12/2019
Actualización 17/12/2019 - 12:32

Ya decíamos desde la semana pasada de las coincidencias acerca de la apresurada firma del T-MEC. El cambio de postura y el precipitado visto bueno de la central sindical y obrera (AFL-CIO) junto con los demócratas en la Cámara de Representantes, escondía algo más. Ahora lo sabemos.

Se dijo con toda claridad el mismo día de la firma, a pesar de la pomposa frase del negociador Jesús Seade: “no hay píldoras envenenadas en esta negociación”, ¿qué va a pasar con la inspección laboral que exigen los demócratas y los sindicatos? Nada, dijeron los funcionarios mexicanos, tendremos en su lugar comités de controversia para verificar los acuerdos laborales. Resultó no ser cierto.

De la jubilosa foto en Palacio Nacional, de la exultante Chrysta Freeland de Canadá y el elogioso Robert Lighthizer, pasamos a la sorpresa de la letra chiquita, el diablo en los detalles, a la “traición” en la negociación. Y con ello, el Senado mexicano en un vergonzoso papel para aprobar fast track los adendums sin ni siquiera haber verificado el contenido del implementing bill, aún en redacción en esos momentos en Washington.

¿Qué pasó? ¿Nos chamaquearon? ¿Nos tomaron el pelo en nuestra precipitación por firmar un acuerdo que no terminaba de ser escrito o traducido? ¿Es descuido por parte del negociador Seade? ¿Inexperiencia del canciller Ebrard? Vaya situación penosa en que dejaron a su jefe el presidente de la República que sale ahora a decir que “la inspección laboral salió de forma clandestina”. ¿No que tantos abrazos de buenos amigos y gran colaboración?.

Nos narran integrantes del Senado en México que la prisa fue tal que quería el señor Monreal y el decorativo senador Vasconcelos (presidente del Comité de Relaciones Exteriores) que se votaran los agregados al T-MEC sin siquiera haberlos leído. Cuando ya estaban los textos en inglés y en francés, la traducción al español para consulta de nuestros legisladores, tardó 12 horas más.

El desprecio de esta administración por la experiencia, la capacidad y el conocimiento en temas tan técnicos y complejos como las negociaciones comerciales, exhiben a un gobierno que se ve “sorprendido” por su contraparte.

La delegación negociadora amerita un equipo más robusto, más amplio, y con presencia permanente en Washington. Tengo la mejor impresión acerca de la capacidad y el talento de Jesús Seade, de su experiencia y trayectoria. Me parece que la embajadora mexicana es de gran altura y calidad. Pero esto no es de dos personas muy capaces. Esto es de equipos, de consejeros y expertos que estén tomando el pulso cada instante a cada una de las partes. La Casa Blanca y Lighthizer evidentemente querían empujar la firma y anunciar un acuerdo espectacular, así conviene a los intereses políticos y de reelección de Donald Trump. Pero ¿y la Cámara?, ¿y los demócratas?, ¿y los sindicatos?

Esto es resultado no sólo del descuido –si no torpeza- al pensar que Washington es monolítico, y que hablar con la administración es suficiente para conseguir avances en temas tan delicados que, en los hechos, se cocinan y deciden en otras instancias y con otros intereses políticos. Los demócratas estaban obligados, presionados –lo sabíamos hace meses- por complacer a su base sindicalista. ¿Doblaron las manos así nada más? Inverosímil.

Ya en la votación del Comité de Ways and Means de la Cámara la semana pasada, se establecían con claridad los criterios de revisión e implementación de la ley laboral en México y el establecimiento de “agregados laborales con sede en México” que tendrán la responsabilidad de proporcionar reportes e informes detallados acerca de las condiciones laborales en nuestro país. ¿No se enteró la Cancillería? ¿Pasó inadvertido a la embajada?.

No hay evidencia de emboscada por parte del gobierno americano, Lighthizer o la Casa Blanca; pero sí sabían que los demócratas querían los inspectores fijos, establecidos en México, haciendo revisiones continuas: está publicado en la minuta de la Cámara.

No hay evidencia de engaño por parte de las autoridades mexicanas. Aparentemente no sabían o no prestaron atención al comité de Ways & Means de la Cámara ante la euforia de la firma, lo cual penosamente demuestra inexperiencia y desconocimiento.

Ahora hay que arreglarlo, decir con firmeza que no se aceptarán inspectores y, probablemente, echen para atrás la aprobación en el Congreso americano con las graves consecuencias que eso pueda traer al mundo económico y financiero.

¿Misión cumplida, canciller Ebrard?

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.